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Sororidad una palabra manipulada

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos
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OBSERVANDO

Patricia Alvarado

“Para construir solidaridad entre mujeres se necesita respetar las diferencias y celebrar las coincidencias”

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos

Sororidad una palabra manipulada

Guadalajara, Jalisco. Sororidad una palabra que se acuñó desde la perspectiva del movimiento feminista para visibilizar la solidaridad, unidad, hermandad o alianza entre mujeres, para Marcela Lagarde la sororidad es: “una valorización del género, una alianza entre mujeres para enfrentar la vida y cambiar la correlación de poderes en el mundo.”

     Lamentablemente la sororidad no existe de facto, (o no en todas las mujeres), una sororidad que ha sido manipulada y vituperada por las mismas mujeres que en aras de unidad se desgarran entre ellas mismas, porque pareciera que las sororas deben marchar al ritmo que marcan las líderes no obstante que se violenten derechos humanos entre ellas.

     Patético se ve como las mujeres se meten el pie unas a otras, mujeres envidiosas, chismosas, explotadoras y violentadoras de las propias mujeres, las que son permisivas para procurar relaciones incestuosas a los hombres con sus propios hijos e hijas, las que comercializan los cuerpos de las mujeres y venden a sus niños;  mujeres que atacan a otras mujeres desde sus diferentes miradas y perspectivas condenándose unas a otras en foros, conferencias, conversatorios, y aunque sea feminista el espacio se atacan entre sí, por disentir o pensar diferente, pareciera que el derecho a disentir esta vetado entre las mismas congéneres.

     La propuesta es parar esta “sororidad impuesta” porque es mejor parar, que quedarse con palabras a medias, que se acumulan, que se hacen nudos en la garganta, provocando enfermedad, malestar, tristeza, llanto, resentimiento, insomnio, es trágico que a estas alturas de la relaciones entre mujeres se golpee tanto el término sororidad como una hacha que cercena y paraliza a las propias mujeres, mujeres que anulan e invisibilizan a las mujeres y ahí vemos que no todas podemos decir a una mujer te amo, te quiero, te estimo como un acto de congruencia. 

     Todo lo antes expuesto no demerita el trabajo en unidad de las mujeres, porque cuando las mujeres se unen y tejen redes de apoyo, vemos como se avanza en la progresividad de los derechos humanos de las mujeres, pero eso no puede nublar o invisibilizar que la violencia entre las propias mujeres se da por el manipuleo que hay y que muchas de las veces se quiere ocultar, un manipuleo que daña a las propias mujeres.

      Para avanzar las mujeres en hermandad, se necesita congruencia, acciones concretas para desmontar los conflictos y las violencias que se perpetúan entre mujeres, la sororidad necesitamos concretarla a partir del respeto a nuestras diferencias y la celebración de nuestras coincidencias, trabajando de manera horizontal, no jerárquica  y aliarnos en unidad para acabar con la desigualdad, la pobreza y la violencia de género.

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