Saltar al contenido

Preparativos

¿Y quién es Usted?
Por: José Ruíz Mercado
Hace más de cien años la sociedad estaba convulsionada. Grupos sociales
disidentes, con ideas contrapuestas. Los sectores económicos con la mira en
posibilidades de cambio, el riesgo de la hegemonía eclesiástica de perder
completamente el poder, de las clases medias liberales, de los grupos
estudiantiles del arte reunidos en contra del eurocentrismo academizante y el
romanticismo poético herencia de la España Monárquica.
Hace más de cien años el descontento se olía en todos los rincones. Se dice del
hambre caminar en las tiendas de raya al mismo tiempo que la mirada sumisa
ante el dueño de la tienda.
Eisenstein con su ¡Viva México! Posada con su muerte maderista, o el propio
Diego en contubernio con Gabriel Figueroa Mateos, en las trajineras de
Xochimilco, o el ojo de Manuel Álvarez Bravo, nacido en la Ciudad de México en
1902, egresado de la Academia de San Carlos, o a Dolores Martínez de Anda,
nacida en Lagos de Moreno, Jalisco, en 1907, más conocida como Lola Álvarez
Bravo, quien en los años treinta participa en la Revista de la SEP, de nombre El
maestro Rural; para militar luego en la Liga de Escritores y Artistas
Revolucionarios (LEAR) o Juan Rulfo quienes dibujaron la contradicción del
México actual.
A más de cien años uno se pregunta acerca de los resultados de una revuelta
como lo fue el movimiento del diez. Los idearios de quienes participaron en la
contienda, desde la consigna de Sufragio Efectivo, No Reelección hasta la frase
del zapatismo más radical.
La directriz en los estudios de la Revolución tiene diferentes matices. Desde la
oficial hasta la especialización temática. José Revueltas, por ejemplo, escribió
acerca de un movimiento traicionado. Martín Luis Guzmán habla de un caudillismo
que no ha permitido responder a las necesidades populares.
Tomás Chacón Rivera suena más pesado cuando escribe de la falta de
identidad como nación, cuando el individualismo aflora, por lo tanto, la necesidad
de subsistencia se vuelve capital.
La lucha por desterrar las doctrinas positivistas de la educación no dio los
resultados deseados persistiendo hasta nuestros días. El Ateneo de la Juventud
en1909 protesta contra el régimen de Díaz y con esto el ensalzamiento de las
expresiones artísticas.
“El impacto cultural en los inicios de la Revolución fue escaso [Tomás Chacón
Rivera], luego la conciencia luchó por las mejoras en la educación y de ello se
desprendió el auge cultural. Después de 1920, la novela de la Revolución
Mexicana, el muralismo pictórico, los experimentos de la poesía de vanguardia y la
influencia del humanismo con los ensayistas del Ateneo contribuyeron a ilustrar
más la conciencia social”
Con la Constitución de 1917 no termina la contienda. La lucha continúa en
algunos sectores de la sociedad. La Iglesia Católica pelea su hegemonía hasta
desatar la contienda del 29 aprovechando un gobierno dictatorial.
Pero aún faltaba algo: El sufragio. Las luchas por las libertades civiles seguían
en la mira. El derecho a votar y ser votado, para la mujer, continuaba en la
negación. De hecho, recordemos la lucha de María Izquierdo por un mural que el machismo de los muralistas le negaron. Para no decir de la falla en la distribución
de la novela de Nelly Campobello por ser mujer.
En Yucatán se dio el primer movimiento sufragista del 13 al 16 de enero de 1916.
Hermila Galindo Acosta ganó la candidatura a diputada en 1918. Elvia
Carrillo Puerto en 1923. Ambas militantes del Partido Socialista del Sureste, al
igual que Raquel Dzib Cicero y Beatriz Peniche Barrera. Rosa Torres González
fue regidora del ayuntamiento de Mérida.
Poco duró la victoria. El Partido Nacional Revolucionario (antecedente del PRI)
PNR, dio marcha atrás a la participación sufragista de la mujer, alegando que, las
mujeres están influenciadas por los curas. El patriarcado imperante que no puede
ver la mayoría de edad de la mujer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: