¿A nivel de cancha o gayola?

Observando

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos
¿A nivel de cancha o gayola?

Guadalajara, Jalisco. -Mientras el país se viste de fiesta, estadios iluminados, espectáculos internacionales y promesas de modernidad, existe otro México que no aparece en las pantallas gigantes. Un México herido, cansado y profundamente lastimado que sigue llorando en silencio.

El ambiente mundialero intenta proyectar una imagen de prosperidad, estabilidad y orgullo nacional, pero a ras de suelo la realidad duele. Hay familias enteras sobreviviendo entre la incertidumbre, la violencia, el abandono y la desesperanza cotidiana.

Hoy se invierten millones en reflectores, campañas y escaparates internacionales, mientras miles de hogares pierden diariamente la tranquilidad, el empleo, la seguridad y, en muchos casos, hasta a sus seres queridos.

Pareciera que se quiere cubrir el dolor social con entretenimiento y euforia colectiva, como si el fútbol pudiera borrar las heridas que atraviesan las calles de México.

El gobierno está a nivel de cancha, pero gran parte de la población sigue en gayola: atrapada entre la pobreza, la inseguridad, la falta de oportunidades y la indiferencia institucional.

Porque mientras arriba se celebran megaproyectos y discursos triunfalistas, abajo la gente hace milagros para llevar alimento a la mesa, comprar medicinas o proteger a sus hijos de una realidad cada vez más dura. No se puede hablar de grandeza nacional cuando tantas madres continúan buscando a sus desaparecidos.

No se puede presumir progreso cuando miles de jóvenes viven sin oportunidades ni esperanza. No se puede construir paz verdadera desde la indiferencia hacia el sufrimiento del pueblo.

México no necesita solamente eventos que lo hagan lucir bien ante el mundo. México necesita gobiernos con sensibilidad humana, justicia social y compromiso auténtico con su gente.

Porque el pueblo no vive de espectáculos.

El pueblo vive de dignidad, de trabajo, de oportunidades y de esperanza.

Y aunque intenten blanquear la realidad con luces mundialistas, la verdad siempre termina apareciendo en el rostro cansado de quienes resisten todos los días, en las madres que no dejan de buscar, en los jóvenes que no se rinden y en las familias que siguen luchando por sobrevivir.

México merece mucho más que propaganda.

México merece verdad, humanidad y paz con justicia.

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