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Cultura de paz/ Inseguridad en Jalisco: entre cifras oficiales y la realidad cotidiana
Guadalajara, Jalisco. Jalisco vive una realidad compleja en materia de seguridad. Mientras los discursos institucionales destacan reducciones en algunos delitos, miles de familias continúan enfrentando miedo, desapariciones, violencia y una profunda desconfianza hacia las instituciones.
Las cifras oficiales muestran avances que no pueden ignorarse. Durante 2025, el estado reportó una disminución en homicidios dolosos y una baja en el número de desapariciones registradas. También aumentó el porcentaje de personas localizadas.
Estos datos reflejan esfuerzos institucionales que merecen revisarse con seriedad y objetividad.
Pero la seguridad no se mide únicamente en estadísticas.
Se mide en la tranquilidad de caminar por una calle.
En la confianza de que una hija regresará a casa.
En la certeza de que una familia no tendrá que convertirse en colectivo de búsqueda.
Y ahí es donde la percepción ciudadana cuenta otra historia.
Diversas encuestas nacionales como el INEGI o ENSU continúan colocando a municipios del Área Metropolitana de Guadalajara entre los lugares donde más personas se sienten inseguras. La violencia ya no solamente aparece en los titulares: se ha instalado en la conversación diaria, en la rutina y en la forma en que las personas viven el espacio público.
Uno de los temas más dolorosos para Jalisco sigue siendo la desaparición de personas. Detrás de cada ficha de búsqueda existe una historia suspendida, una silla vacía y una familia que vive entre la esperanza y el desgaste emocional. El problema ha colocado al estado bajo observación nacional e internacional, particularmente por el hallazgo de fosas clandestinas y los señalamientos sobre reclutamiento forzado de jóvenes.
La inseguridad también impacta el tejido social. Genera miedo, rompe comunidades, limita la convivencia y normaliza la violencia. Cuando una sociedad aprende a vivir con temor, la paz deja de ser un derecho cotidiano y se convierte en una aspiración.
Hablar de seguridad implica reconocer que no basta con reducir números; se necesita reconstruir confianza. Y esa confianza sólo puede surgir cuando existe justicia, prevención, atención a las víctimas y políticas públicas centradas en la dignidad humana.
La paz no se construye únicamente con más patrullas, policías o C5.
También se construye con oportunidades, educación, cultura de paz, comunidad y verdad.
Jalisco necesita más que estrategias reactivas. Necesita una visión humana de seguridad que coloque a las personas en el centro, especialmente a las juventudes, las mujeres, la niñez y las familias que viven diariamente las consecuencias de la violencia.
Porque mientras exista una madre buscando a su hijo, una comunidad paralizada por el miedo o una víctima esperando justicia, la conversación sobre seguridad seguirá siendo urgente.
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