Cultura de Paz/México y la herida de las desapariciones: una crisis que alcanza a la niñez

Observando

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos

Cultura de Paz/México y la herida de las desapariciones: una crisis que alcanza a la niñez

Guadalajara, Jalisco. México enfrenta una de las crisis humanitarias más graves de su historia actual. En el reciente informe del 11 de mayo de 2026 la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) advirtió que el país supera ya las 128 mil personas desaparecidas y más de 70 mil cuerpos permanecen sin identificar en servicios forenses y fosas comunes. El organismo internacional señaló que la desaparición de personas en México es un fenómeno “masivo y generalizado”, donde persisten altos niveles de impunidad, colusión de autoridades y violencia del crimen organizado.

La CIDH también alertó que esta tragedia golpea de manera alarmante a niñas, niños y adolescentes. La desaparición forzada, el reclutamiento criminal y las redes de violencia han colocado a las juventudes en una situación de extrema vulnerabilidad.

En México, miles de familias viven buscando a sus hijas e hijos mientras el miedo, la burocracia y la impunidad continúan creciendo.
El informe internacional señala la gravedad de la desaparición forzada en México, algo que las familias llevan años denunciando: muchas desapariciones ocurren con participación, omisión o tolerancia de autoridades locales y cuerpos de seguridad.
Frente a esta crisis, las madres buscadoras y colectivos de personas desaparecidas han levantado la voz con fuerza. Durante la XIV Marcha por la Dignidad Nacional realizada en el marco del Día de las Madres, cientos de familias marcharon bajo una consigna dolorosa pero contundente: “No hay nada que celebrar”. Las madres exigieron verdad, justicia y el fortalecimiento de los mecanismos internacionales de acompañamiento ante lo que consideran una emergencia nacional.
En Jalisco, la crisis de desapariciones mantiene cifras alarmantes. El estado continúa siendo una de las entidades con más personas desaparecidas del país, particularmente en municipios como Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga, donde colectivos y familias han denunciado un incremento sostenido de casos, así como la insuficiencia de respuestas institucionales. Aunque el estado jalisciense desestima el fenómeno porque reporta una reducción en los casos del primer cuatrimestre de 2026 en comparación al 2025; los colectivos insisten en los obstáculos gubernamentales, la revictimización y el hallazgo permanente de fosas clandestinas.
La violencia, el reclutamiento de jóvenes por grupos criminales y la impunidad han convertido a estas zonas metropolitanas en focos críticos de desaparición.
La búsqueda que realizan las madres buscadoras y los colectivos de personas desaparecida se ha convertido en una tarea que realizan prácticamente en la soledad, recorriendo cerros, carreteras y fosas clandestinas con picos, palas y fotografías de sus hijos e hijas desaparecidas.
La tragedia de las desapariciones no puede reducirse a estadísticas. Cada número representa una vida arrebatada y una familia atrapada entre la esperanza y el duelo permanente. Las madres buscadoras han señalado que no buscan venganza; buscan verdad. Buscan regresar a casa a quienes un día salieron y nunca volvieron.
En un país donde miles de niñas, niños y adolescentes continúan desapareciendo, hablar de cultura de paz también significa exigir memoria, justicia y dignidad. Porque ninguna nación puede llamarse humana mientras existan madres buscando a sus hijos e hijas entre la tierra y el silencio.
El derecho humano a ser buscado o buscada y encontrada con vida tiene que prevalecer por encima de la indiferencia, la burocracia y el silencio del Estado.

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