Cultura de Paz | Nuevas masculinidades… la polémica

Observando

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos

Cultura de Paz | Nuevas masculinidades… la polémica

Guadalajara, Jalisco. En un país marcado por la violencia y la desigualdad, hablar de paz no es una opción, sino una necesidad impostergable. Del mismo modo, reflexionar sobre las masculinidades resulta fundamental para avanzar hacia sociedades más justas. Sin embargo, no todo discurso que se presenta como transformador implica realmente un cambio profundo.

La realización del denominado el “Congreso más grande de Masculinidades en Latinoamérica”, Fearless Congress 2026 en el Santuario de los Mártires programado en Guadalajara los días 17, 18 y 19 de abril, ha generado un amplio debate social y político. La controversia surge principalmente por los señalamientos sobre una presunta colaboración y apoyo de recursos públicos por parte de los gobiernos estatal
y municipales como Zapopan y Guadalajara.

Desde la perspectiva de la cultura de paz, la transformación no puede construirse desde polémicas y narrativas que, bajo el disfraz del desarrollo personal, reproduzcan esquemas de supremacía o eviten cuestionar los privilegios históricos. La paz se edifica sobre la igualdad sustantiva, el reconocimiento del daño causado y la disposición genuina para escuchar a quienes han sido históricamente excluidas, especialmente a las víctimas de la violencia.

En Jalisco, un estado profundamente afectado por las desapariciones y la violencia feminicida, resulta indispensable evitar cualquier forma de simulación. Promover espacios de reflexión sobre las masculinidades sin una perspectiva de género, sin un enfoque de derechos humanos y sin colocar a las víctimas en el centro del diálogo, lejos de representar un avance, puede significar un retroceso.

No está en duda la necesidad de que los hombres cuenten con espacios para cuestionarse y transformarse. La interrogante esencial es otra: ¿estos espacios buscan una transformación real o simplemente una reconfiguración de los mismos privilegios de siempre?

La construcción de la paz exige valentía. No se trata de preservar el poder, sino de renunciar a él cuando ha sido fuente de desigualdad y violencia. Solo a través de cambios profundos y auténticos será posible avanzar hacia una sociedad más justa, incluyente y en paz.

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