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Más allá de las fronteras: la voz de un diputado en la causa palestina

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Más allá de las fronteras: la voz de un diputado en la causa palestina

La tarde en que la Glorieta de los Niños Héroes se vistió de consignas y banderas palestinas, el diputado federal José Luis Sánchez González, representante del Partido del Trabajo, se sumó al coro de voces que exigían paz y justicia en una tierra lejana. El gesto, más que simbólico, entraña una lectura que no se agota en la fotografía ni en el aplauso instantáneo: se trata de un acto de definición política.

El conflicto palestino-israelí, anclado en décadas de despojo, violencia y ocupación, ha sido objeto de pronunciamientos diplomáticos, resoluciones internacionales y silencios cómplices. Que un legislador mexicano, sin portafolio de política exterior pero con el peso moral de la representación popular, elija alzar la voz, merece atención. No se trata —o no debería tratarse— de un oportunismo mediático, sino de un recordatorio: la defensa de los derechos humanos no admite aduanas ni pasaportes.

En México, la política exterior se ejerce, formalmente, desde la Cancillería. Sin embargo, la historia registra a legisladores y líderes sociales que, sin cargo diplomático, han abrazado causas internacionales, a veces para incomodar a gobiernos autoritarios, otras para tender la mano a pueblos olvidados. El PT, con su narrativa de solidaridad y antiimperialismo, encuentra en Palestina un espejo donde refrendar su identidad ideológica. Y Sánchez González, al tomar la palabra en la glorieta, no solo representa a su distrito: se inscribe en esa tradición de la izquierda mexicana que mira más allá de la frontera.

El riesgo está en la lectura local. En un país donde la inseguridad, la desigualdad y la corrupción ocupan la agenda pública, un diputado que habla de Gaza corre el peligro de ser acusado de distracción o de evadir responsabilidades inmediatas. Los adversarios políticos no desaprovecharán la oportunidad de señalarlo; los aliados, de enmarcarlo como un hombre de principios globales.

En lo mediático, el eco dependerá de la capacidad de convertir ese acto en un mensaje sostenido y no en una foto aislada. En lo electoral, el gesto puede atraer simpatías en sectores conscientes y politizados, pero resultará irrelevante para quienes sólo miran la política con lentes locales.

Sánchez González ha apostado por un discurso que no se limita a las calles de Jalisco. Si logra vincular la lucha por Palestina con la lucha por la justicia en México, su voz podrá resonar más allá del instante. Si no, quedará como un capítulo menor, una nota de prensa más, en la larga crónica de los gestos solidarios que no cambiaron nada.

En política, como en la diplomacia de los pueblos, el valor no está en pronunciarse, sino en sostener la palabra.

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