Saltar al contenido

FUNCIÓN DE LAS REVISTAS

Compartir en:

José Ruiz Mercado

Más allá de los mensajes prediseñados y las manitas hacia arriba de las redes sociales la publicación de las revistas (sean o no oficiales) tienen una función específica. En el momento de la publicación, los autores, avisan su aparición. Es la fiesta, la difusión del trabajo es lo más importante.

   Hace unos años se convocó a una mesa de discusión acerca de la función de las revistas. Después de varios días se concluyó en la importancia de entender la unidad en la directriz de grupo. Varios individuos con un fin específico.

   Luego vendría la participación del lector. Desde el amigo hasta el especialista. Desde quien aplaude al conocido, lee el encabezado, quizás hasta el segundo párrafo para decirle a las amistades de tener relación con quien escribe, o en el caso de ser un famoso presumir que alguna vez estuvo en una presentación y ahí estaba, y hasta se sacó una foto con el susodicho. El especialista, quien sólo leerá lo de su interés, hasta el analista, quien sigue página a página la versión de los hechos.

   Para este último es importante el seguimiento. La periodicidad, lo ahí dicho y como lo dice. Comprende, entiende, y hasta propone. Reconoce el esfuerzo, hace la disección de los contenidos. Entiende la historicidad, lo sociológico (todo depende de la especialidad del lector) y hasta llega al goce con la estructura del discurso.

   Una revista se clasifica como una publicación periódica. Se dice que pasa de una época a otra cuando cambia de estructura, de finalidad. Se dice que forma parte de un volumen cuando el material pasa de una determinada cantidad. Y así se resguarda en los archivos de una hemeroteca. Lo mismo sucede con los diarios. A diferencia de estos, la revista va un publico más especializado, sus contenidos tienen otra finalidad.

   Toda revista responde a una especialidad. A un organismo, a una institución. Sus discursos son ideológicos, científicos, o de otra índole. No olvidemos esas joyas de la sociedad psicoanalítica, las dirigidas por Raúl Páramo Ortega, Repertorio, en lo literario Bandera de Provincias, Plural (el periodo de Octavio Paz), Pan, Etcaetera, y tantas otras con una larguísima lista de hallazgos.

   La esencia de una publicación radica en la calidad de sus partícipes. La continuidad de estos. Sirve de experimentación para el paso siguiente: El libro. Los ejemplos son muchos; el más conocido es El Laberinto de la Soledad.

   Estudiar una publicación tiene su diversidad de aristas. También responde al capricho de quienes administran las instituciones. A pesar de ello nos permite tener un panorama de obras, autores. Su seguimiento, la necesidad social.

VIAJE EN PAPEL

   Entremos a las revistas de la Universidad de Guadalajara. Historiemos un poco su visión del mundo, sus personajes de la cultura. Una vista panorámica. Partamos de aquella, la cual se ostenta como la número uno.  Un ejemplar sin fecha de edición, domicilio, el del director de la publicación. Lo cual lo vuelve memorable, además, por supuesto, de las personalidades ahí mencionadas.

   Suponemos fue publicada en el año de 1966/ 67 por un artículo fechado en la Western Illinois University en agosto de 1966, escrito por Tony Lamb. Los responsables de la publicación: Director, Ernesto Flores. Diseño, José Luis Meza Inda. Redacción, Luis Sandoval Godoy y Cándido Galván. Música: Hermilio Hernández. Los dibujos de Carlos Coffen Serpas, ilustran este número dedicado en su totalidad al estudio de la obra de Juan José Arreola. Los textos, a excepción del último, de Ernesto Flores, son de Estados Unidos, Chile, Argentina y España.

   Otro de los números, el correspondiente a 1983, también es una edición homenaje. En esta ocasión a José Clemente Orozco. Con textos de Francisco Rodríguez Caracalla, Wolfgang Vogt, Arnulfo Eduardo Velasco y el propio Orozco. Se celebraba el centenario del natalicio. Su cumpleaños.

   El muestro continua. Marzo de 1986. Con textos de Dante Medina Magaña, Efraín Franco Frías, Guadalupe Mercado, Gilberto Meza, Enrique Macias, Raúl Bañuelos, Eloísa Chávez Oregón, Celia del Palacio, Arnulfo Eduardo Velasco, Wolfgang Vogt con su celebre crítica, hoy ya histórica, no por su profundidad, sino por ese afán protagónico, al trabajo de Sara Velasco.

   La separata de Artes Visuales es interesante en este número: Javier Campos Cabello, Martha Pacheco, Miguel Ángel López Medina, Luis Valsoto, Maximino Javier, Lucia Maya.

   En lo referente a la poesía el interés no cae. Los autores ahí presentes son pieza clave para comprender el proceso de las voces poéticas. Gilberto Meza por un periodo fue representante de una voz académica, un alto conocimiento del lenguaje, Eloísa Chávez fue importante, además de su participación en las ediciones de ese tiempo con su visión sensible de lo poético. Guadalupe Mercado, estudiosa de la literatura, con sus aportaciones al estudio de la obra de Adalberto Navarro Sánchez; y Enrique Macías con su musa interminable.

   El otoño de 1992 trae como suplemento lo que después se independizó: Luvina, con textos de Fernando Carlos Vevia Romero, José Emilio Pacheco, entre otros. El cuerpo principal de este ejemplar fue Sida y Medicina Social.

   Algo característico de todos estos ejemplares es la ausencia de un glosario de autores. Quienes son, que han hecho, obra principal, los mínimos datos para el seguimiento de estos. Me quedo entonces, para cerrar la reflexión, con un poema de Enrique Macias (TANGO), y una promesa de buscar la obra de Eloísa Chávez Oregón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *