Literatura Carcelaria

¿Y quién es usted?

Por: José Ruiz Mercado

   A la distancia. Nos tomamos un café para hablar de esto. Usted dice la región. Por hoy sugiero veracruzano, de la región que guste. El tema llega a partir de una reflexión ya de meses, posiblemente años.
Se dice de México como el país del cuento. El país en dónde la leyenda, y más la épica, son socorridas. Los grandes novelistas, por lo menos, del Siglo XX son originarios o han pasado por el país. Los narradores.
Política, siempre comentando acerca de la injusticia, el exceso de poder, la distribución de la riqueza, las anécdotas de la clase media, de mamá (Por cierto ¿Cómo se llama la mamá de Juan Preciado?)
El Siglo XIX trajo una temática al mundo, la cual no se había abordado. La novela policíaca ofrecía, con la consolidación de las urbes, un muestreo de la inteligencia del detective. Los Crímenes de la Calle Morgue, en 1841, de Edgar Allan Poe, abrió el panorama.
Para México fue de mayor interés hablar de la otra parte de la moneda con la épica del bandolero. Esa visión romántica del bandido circunstancial. Y la novela policíaca viene hasta el XX, con Antonio Helú y La Obligación de Asesinar en 1957, o Ensayo de un Crimen de Rodolfo Usigli.
Nos debemos un café para hablar de la novela policíaca en México. Por ahora hablemos de la épica del delito. Para iniciar, la pregunta sería ¿Le tenemos confianza al sistema policíaco? ¿Qué de verdad es tan burdo que ni lo podemos dejar en el antihéroe? Nos debemos un café para la próxima entrega.
Ahora nos corresponde la literatura carcelaria. Aquella por mucho tiempo no comentada. En lo correspondiente a lo popular, es decir, los corridos, se mencionó a los fusilados, los condenados a prisión, las muertes, los feminicidios (Rosita Alvirez, La Martina y un buen grupo de etcéteras) Pero, la vida interna en prisión ¿Cuándo inició?
Los nombres de los grandes se hacen presentes. José Revueltas, José Agustín son los autores recurrentes. Pero no sólo la narrativa, también la poesía; autores como Enrique Macias se suman a lo carcelario.
Algo sucede con el estado mexicano cuando sus autores se alejan de la implementación de la justicia para destacar lo contrario, ese Círculo Vicioso de José Agustín para no mencionar El Apando de José Revueltas.
Y volvemos con la pregunta, la cual no resulta ser tan retórica como parece, sino al contrario. Entra a una lógica del lenguaje hiriente sin ser caótica pero sí lo referente ¿Qué tan justa es la justicia? ¿Qué tan fuerte son los molinos de viento del Quijote?

   Entonces nos vamos a Los Murmullos, la novela publicada en la serie del volador de Joaquín Mortíz, en 1975. La novela de Jorge Portilla, la novela de un autor desconocido, o por lo menos no tan conocido como Revueltas o José Agustín, o por lo menos no tan mediático como otros.

Jorge Portilla Livingston, nació el 25 de agosto de 1943 y murió el 30 de abril de 2007 en la Ciudad de México. Vivió en la calle de Sabino en Santa María La Ribera, ese barrio emblemático cercano a la Estación del Ferrocarril, ese barrio cercano muchas leyendas.
Narrador, corrector de estilo, traductor del inglés, francés, alemán, ruso, trabajó por varios años en la Dirección General de Publicaciones y Medios de la SEP, fue de la primera generación del SISTEMA NACIONAL DE CREADORES DE ARTE (SNCA) en 1993.  Discípulo de  Ricardo Garibay y Juan José Arreola. Escribió en 1987 El Coro de la Luz. Jorge Portilla Livingston con Los Murmullos continúa ese concierto de la corrupción de México.

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