Rarezas inexplicables

Blanca Nieves Palacios Barreda

Rarezas inexplicables

Vivimos en tiempos en los que la indiferencia e ignorancia prevalecen y podría, agregar, la insensibilidad; los ciudadanos de todos los países que pueblan este planeta llamado tierra, vamos padeciendo gobiernos, formados por personas, cuya honestidad, sensibilidad, rectitud, amor por sus conciudadanos está ausente, prevaleciendo en su lugar, la ambición y la deshonestidad, derivándose de esto, sentimientos de autoritarismo, represión, engaño, falsedades, en función de esto y, poseedores de un poder que los ciudadanos les damos a través del dinero que suelen ser billones, según la moneda del país y un silencio ante todo aquello que hacen por propia y conveniente decisión en su beneficio y el grupo al que pertenezcan, provocando la corrupción desmedida; es de pensar seriamente ¿de que estamos hechos los humanos?.

Esto llega a invadir a toda institución y gran parte de la sociedad, una corrupción que mancha hasta lo más preciado que se debe de tener en una sociedad: la educación y el deporte.

Se ha vivido en estas últimas semanas en México una euforia desbordante, no solo de los mexicanos, sino de los ciudadanos de otros países latinoamericanos y países de Europa, que han hecho largos viajes para venir a apoyar a su equipo de futbol.

El haber sido sede del mundial de futbol 2026, tiene su origen en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2013-2018), ignoramos las razones para haber pedido a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) que, contemplaran a México para el encuentro futbolístico mundial de la vigésima tercera edición, aún de manera tripartita, compartiendo este evento con Canadá y Estados Unidos de Norteamérica en el 2026.

No importó para nada, el negro historial de la FIFA, cuyos directivos han visto en este deporte, una forma de hacerse de cantidades millonarias, utilizando mecanismos de desvíos de dinero, a grado tal que varios fueron a parar a la cárcel.

Venimos a comprobar en éste mundial de futbol 2026, como se hacen de enormes cantidades de dinero los directivos, pues los países sedes, ponen todo, gastan millones en acondicionar toda una ciudad para un evento mediatizador en toda su expresión; no pagan impuestos, los cobros por boletos y palcos son inalcanzables para la gran mayoría de aficionados que, sumisamente y con una inexplicable alegría disfrutaban viendo los juegos en enormes pantallas instaladas en diferentes partes de la ciudad de México, dónde de manera multitudinaria se congregaban miles y miles de ciudadanos, todos portando camisetas verdes, parte del comercio de esa FIFA en la que, la corrupción sigue permeando sin vigilancia de ninguna naturaleza.

Inconcebible resulta es venir a descubrir que, todo este mundial de futbol está fríamente calculado, no solo en las ganancias monetarias que obtendrán, sino en quien será el triunfador final, por aquello de las conveniencias políticas que nada tendrían que ver con el deporte; pero para variar, hasta en esto el presidente de los E.U. Donal Trump, tuvo que ver, desde el momento mismo en que, el presidente de la FIFA desde 2016, Gianni Infantino, demostró un servilismo hacia Trump al entregarle un enorme reconocimiento por “trabajar por la paz en el mundo”, justo cuando inició la guerra contra Irán, cometiendo asesinatos contra civiles y niñas, considerados como delitos de guerra, a más de la persecución implacable contra trabajadores migrantes en su país así como asesinando a propios ciudadanos, por criticar su belicosidad desmedida y su complicidad con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aportándole armas y dólares en la guerra contra Irán.

Quedó al descubierto todas las violaciones deportivas ejercidas por los árbitros para favorecer a un equipo, el de Argentina, por una importante razón, Miley, presidente de Argentina es amigo de Netanyahu y de Trump.

Imposible dejar de pensar al ver imágenes televisivas, en la que mostraban al mundo, cuanta alegría, cuanta, hospitalidad, cuanto amor por el futbol existe en México y ver el Estadio repleto de personas y en las calles y en lugares estratégicos, con enormes televisores que los hacían olvidar todas aquellas tragedias que cotidianamente vivimos en nuestro país, México y, todo por el evento futbolístico, organizado por una organización cuya corrupción en todos sentidos, es mayor que la que aquí vivimos.

Sí que viva el futbol, que viva el deporte, pero no el futbol comercial y corrupto de la FIFA.

Saludos conciudadanos.

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