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No fomentemos

Roque Albin Huerta
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Roque Albin Huerta

No fomentemos

La Real Academia Española (RAE) define el rencor como un “sentimiento persistente de antipatía y oposición hacia una persona, acompañado de deseos de venganza, por considerarla la causante de un daño o perjuicio”, o como un resentimiento arraigado y tenaz Es un estado de hostilidad que no permite cerrar una herida emocional, manteniendo el dolor fresco y evitando seguir adelante, a menudo derivado de una mala gestión de la ira ante una ofensa o daño recibido.

La psicología entiende el rencor de un hijo hacia su padre como una consecuencia de experiencias negativas pasadas, como la falta de atención, la indiferencia, la infidelidad hacía su madre, o incluso abusos, lo que genera emociones de enojo, resentimiento y falta de confianza. Este sentimiento puede llevar a problemas psicológicos, como baja autoestima o depresión, y afectar la capacidad de establecer relaciones afectivas saludables con su padre en el futuro.  

El rencor de un niño hacia su padre, que persiste hasta la adultez, es un fenómeno complejo que puede verse profundamente influenciado por la dinámica familiar extendida, incluyendo tíos, abuelos y primos; es así como un hijo adulto puede guardar rencor contra su padre desde pequeño debido a la manipulación ejercida, cuando aquellos familiares le expresan abiertamente su desaprobación, ira o desprecio hacía su padre, es así como el niño percibe que sus propios sentimientos de rencor están justificados y son normales, sin darse cuenta aquellos que le envenenaron la mente de aquel menor, que normalizaron y reforzaron la emoción negativa en contra de su padre ya que lo hacen sentir víctima del mal actuar de su progenitor.

Estudios de Psicología recientes, opinan que el rencor no se considera una patología o trastorno mental en sí mismo, sino una emoción o un sentimiento profundo y persistente de enfado y amargura, clasificándolo, principalmente, como una respuesta emocional negativa y prolongada ante una ofensa o daño percibido a consecuencia del manejo emocional que desde niño comenzó a escuchar de tal o cual cosa, inherente, principalmente de su núcleo familiar. 

El rencor hacia un padre en la edad adulta causa estrés crónico, ansiedad y depresión, minando la autoestima y dificultando relaciones sanas, lo que lleva a sentimientos de amargura, aislamiento y baja autoeficacia, afectando incluso la salud física y la capacidad de perdonar o confiar, ya que puede manifestarse como un ciclo de ira, frustración o la sensación de ser una víctima, con secuelas como baja autoestima, miedo a la pérdida de control y dificultades para establecer vínculos afectivos estables. 

En otro orden de ideas, un hijo adulto puede rechazar a su padre por conflictos del pasado no resueltos o aclarados que en nada a él (al hijo) le hayan afectado, problemas de comunicación, una crisis de identidad, diferencias de valores o porque necesita establecer límites saludables frente a la sobreprotección o el control. Las experiencias de vida, el estilo de crianza, la ansiedad de los padres y los problemas de salud mental también pueden contribuir a este distanciamiento. Y, desde luego que, crecer con ese rencor, es muy posible que experimente dificultades significativas e incluso fracase en su vida matrimonial que incluso se pierde toda comunicación de su familia hacia sus abuelos paternos.  

Finalmente, el veneno del rencor es el resultado de una herida emocional en la relación padre e hijo, donde el hijo, no logra perdonar una falta grave que le fue inculcada por su propio círculo familiar sin haber sido él la víctima y crece con un rencor enquistado queriendo castigar al ofensor, haciendo que esa emoción del rencor se quede atrapada y lo afecta negativamente y que a causa de sus fracasos tiene al culpable de ello; “su papá”.

Estimado lector, que terrible daño se causa cuando se opina de algo que no se sabe ni consta, pero que terrible daño se causa cuando se fomenta el rencor. Gracias por sus comentarios y su tiempo que dedica a mi colaboración.

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