
La sonrisa de un asesino
Acostumbrados a ver y escuchar al presidente de los Estados Unidos de Norte américa, Donald Trump, sus acciones, que no solo amenazas, han venido rebasando el límite que cualquier presidente de cualquier país debe tener y observar con la rigurosa visión de un estadista, pero Trump, ha demostrado no tener esa calidad, sino ha demostrado padecer serios problemas mentales.
Su conducta, como violador de menores, su proclividad a violar las propias leyes de su país desde muchos años atrás, sus inocultables vicios que, en la actualidad han sido del conocimiento no solo de los ciudadanos de E.U., sino de todo el mundo, nos hacen pensar en esa frase que dice: “el pueblo tiene al gobernante que merece”; pero, que el mundo entero lo tenga que padecer, tolerar y soportar, eso ya es otra cosa, nos toca lidiar con nuestros propios gobernantes.
En una de sus más recientes conferencias de prensa, Trump, con su mirada desviada y cargada de odio, sin un ápice de sentimiento humanitario, ni para sus conciudadanos menos aún para los seres humanos de otro país, hablaba del exterminio que hará de los “narcos terroristas”, y se ufanaba de los 80 asesinatos que ha cometido, atacando con sus mortales misiles a lanchas que navegaban en aguas internacionales y que, según él ,“van cargadas de drogas para matar a estadounidenses”, sin presentar ninguna prueba que así lo demostrara.
Su secretario de Guerra, Pete Hegseth, cual títere, asentía con su cabeza afirmando lo que su demente presidente decía, y al darle el uso de la voz, replicaba lo dicho por Trump y sin decoro, como vil imitador, afirmaba que asesinarían a narco terroristas venezolanos, colombianos por mar y tierra, en aras de” defender la vida de los estadounidenses”; Trump sonreía ante esas violentas declaraciones imaginando quizá, ver volar mas lanchas de pescadores y de cuerpos destrozados en mar y tierra y, ver sometidos a su poder a los presidente Nicolas Maduro y Gustavo Petro, sin descartar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Las declaraciones de ambos, mas huecas que sus cerebros, eran escuchadas por los periodistas, ahí en la Casa Blanca, sin replica alguna, por el temor de ser desalojados de esa sala, tal como ha ocurrido en otras ocasiones.
La insolencia intervencionista de Trump, en otros países, ahora con un aferramiento feroz contra los países latinoamericanos, no deja lugar a dudas de que, su gravedad mental va en aumento al amenazar en periodos electorales a países como, Argentina y recientemente en Honduras de que, de no votar por quien él ordena, no obtendrían apoyo de su gobierno.
Sin lugar a dudas no resulta fácil enfrentar a un hombre con tales defectos mentales y conductuales, sobre todo, cuando gran parte de los congresistas republicanos y la misma Suprema Corte de Justicia de E.U. no se atreven a meterlo a la cárcel por la multiplicidad de delitos de los que es acusado y comprobado, dejando de lado la seguridad de los millones de ciudadanos estadounidenses y la frágil relación que datan de muchos años atrás con otros países y que hoy están corriendo un serio riesgo.
La unión de los países latinoamericanos ante este nefasto personaje es imprescindible, tanto para su defensa, como para la exigencia de los organismos internacionales encargados de impartir justicia.
Las manifestaciones que los ciudadanos estadounidenses han venido realizando, las denuncias en su contra por diversos delitos cometidos Trump simplemente las ignora y realiza actos fuera de todo respeto a su propio país; el mundo en general y los países en particular, requieren de líderes que reafirmen día a día su compromiso con la justicia, la honestidad y un estricto respeto a la soberanía de cada uno de los países de la tierra.
Los Gobiernos estadounidenses se han destacado por ambicionar todas aquellas riquezas que la naturaleza no les ha otorgado y, antes de negociar razonable y respetuosamente y adquirirlas y beneficiarse mediante tratos comerciales, han optado por arrebatarlas, mediante calumnias, engaños, derrocamientos y asesinatos de presidentes electos legítimamente por sus pueblos, sus guerras las llevan a otros países y los destrozan, mientras el suyo permanece intocable y sin castigo.
Ya va siendo hora de que se imparta esa justicia internacional tan necesaria para poder vivir en paz.
Saludos conciudadanos.
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