Observando

Guadalajara, Jalisco. Héctor Adrián Águila Corona desapareció el 21 de Julio del 2023 en Tlaquepaque, Jalisco. Desde entonces, su familia —sus padres, Héctor Águila y Teresa Corona— vive una lucha constante marcada por la incertidumbre y la falta de respuestas. A más de un año de su ausencia, la Fiscalía no ha presentado avances concretos en la investigación, según denuncian sus familiares.
“Desde que te fuiste todo nuestro mundo se vino abajo. Han sido meses de agonía, angustia, miedo y desesperación. Pasa el tiempo y no tenemos ninguna razón de ti”, expresan sus padres, quienes han encabezado innumerables búsquedas, todas sin resultados. “Tu familia está sufriendo mucho tu ausencia.
Nuestras vidas jamás serán igual sin ti”, añaden con profunda tristeza.
La desaparición de Héctor Adrián se suma a los miles de casos que siguen sin resolverse en México, donde las familias, además del dolor, enfrentan omisiones institucionales que obstaculizan su acceso a la verdad y a la justicia. Su historia representa la voz de quienes buscan sin descanso a sus seres queridos y que, pese al
cansancio y la desesperación, mantienen viva una esperanza inquebrantable: encontrarlos y traerlos de vuelta a casa.
Las desapariciones en México es un problema de gran magnitud. Según el Informe Nacional sobre Personas Desaparecidas 2024 del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD) —Red Lupa—, el número de casos reportados ha seguido aumentando: tras superar los 100 000 desaparecidos, en 2023 la cifra se incrementó un 7.3%, y para 2024 subió otro 6.3%.
Jalisco es uno de los estados más afectados por esta crisis. De acuerdo con el mismo reporte del IMDHD, cinco entidades (entre ellas Jalisco) concentran cerca del 48 % de las personas desaparecidas en todo el país.
La desaparición de Héctor Adrián no es un caso aislado: ocurre en un sistema donde miles de familias viven la misma angustia. Su historia se enmarca en un contexto como:
La lentitud de las investigaciones es una constante .
La impunidad estructural, la re victimización , la crisis institucional ante el avasallante número de desapariciones.
La participación activa de las familias en la búsqueda, muchas veces en ausencia de una respuesta eficiente por parte de las autoridades.
La familia de Héctor Adrián exige no solo respuestas para su caso, sino más que nada justicia. Su dolor se convierte en una denuncia: su voz representa muchas otras que claman por una acción real, eficaz y con compromiso institucional. En un estado y un país donde las desapariciones se han vuelto un episodio trágico “normalizado”, cada historia importa, cada búsqueda es legítima, y cada razón para no desistir es poderosa.
El clamor de las y los desaparecidas y desaparecidos por particulares o por desaparición forzada es: ¡Vivos se los Llevaron, Vivos los Queremos!
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