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Revocación de mandato
En la imparcialidad requerida en un análisis político, justo es reconocer que, los Partidos, Revolucionario Institucional y el de Acción Nacional, PRI y PAN -por sus siglas-, lo furioso de sus acciones y su vocabulario, contra este nuevo gobierno, cuyo cambio inició con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y, ha continuado con Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), apoyados por millones de mexicanos a través del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), se sustentan en su enorme inconformidad, al no tener ya el poder que, la Presidencia de la República Mexicana, tras casi 100 años de haberla ostentado les daba.
Se dice fácil, 100 años de ejercer el poder, dejando una secuela imborrable de corrupción, de mucho dolor, por la brutal represión que ejercieron, con un clasismo tan insultante, provocado por ese nepotismo del cual se enorgullecían y que provocó una enorme división entre la sociedad y una pobreza que aun en este 2025, es notoria.
Escuchar las intervenciones cargadas de cinismo, adjetivos despectivos, señalamientos difamatorios, calumnias claramente demostrables de su falsedad en el Congreso de la Unión, conformado por diputados y senadores, al cual todavía, miembros del PRI y PAN, disfrutan de sendas curules, en contra de sus pares de MORENA y del Partido del Trabajo, han provocado un absoluto y enérgico rechazo de millones de ciudadanos, pues al ser “Representantes Populares”, se han convertido, no en dignos adversarios de oposición por su negativa a aceptar los cambios que este nuevo gobierno ha venido implementando en favor de los mexicanos e incluidos como derechos constitucionales.
Resulta grotesco escuchar que, exigen la renuncia y/o revocación de mandato de la presidente CSP, por la violencia imperante desde los sexenios en los que ellos gobernaban, es vox populi el hecho de que, fueron gobiernos priistas los que con acuerdos con gobiernos estadounidenses “invitaron”, por no decir incitaron a miles de campesinos a sembrar, plantas de marihuana y amapola, para que el gobierno estadounidense surtiera de esos enervantes a sus soldados en la guerra contra Vietnam que iniciara en 1955 y tuviera su fin hasta 1975.
La belicosidad de E.U. es ampliamente conocida, desatan guerras contra países, por no someterse a su voluntad, por querer apoderarse de sus riquezas y hasta por cambiar sus formas de gobiernos, siendo la más recurrente, “su lucha contra el comunismo”, que hasta la fecha siguen utilizando como pretexto para seguir invadiendo países.
Pero los gobiernos gringos, en el pecado han llevado su penitencia, pues regresan los soldados, tras destrozar países y asesinar a miles de ciudadanos, con adicciones irreversibles, que tienen hoy a ese país vecino hundido en las adicciones de todo tipo y personas con graves enfermedades mentales que ocasionan verdaderas masacres, sobre todo en escuelas y lugares públicos; bien haría el presidente Donald Trump, en revisar la historia de su país, ahí encontrara a los culpables de la muerte de sus conciudadanos adictos.
Los mexicanos debemos pues a gobiernos priistas y sus cómplices panistas, así como a los de E.U. la situación que padecemos en la que los cárteles del narcotráfico han instaurado un poder con el que se lucha día con día, y que nos han robado la paz, la tranquilidad y provocando un enorme dolor a toda una sociedad al asesinar y cooptar a miles de vidas, sobre todo de jóvenes, promisorias promesas para tener un mejor país.
El triunfo de los ciudadanos mexicanos, organizados en un amplio movimiento debe ser defendido con uñas y dientes e impedir que aquellos que se sentían intocables y cuyo poder consideraban sería eterno, sean enjuiciados al ser verdaderos cómplices de esas organizaciones delincuenciales que han proliferado en todos los Estados de nuestro querido México, que para desgracia, inconformidad y enojo siguen ocupando espacios en nuestras instituciones legislativas y en otros espacios oficiales.
Debemos los ciudadanos mexicanos preguntar a esos priistas y panistas si durante las masacres perpetradas por presidentes de sus respectivos partidos políticos exigieron alguna vez la revocación de mandato de sus presidentes; ¿la exigieron acaso en 1968 a Gustavo Diaz Ordaz?
Permitir que esos indeseables e impresentables personajes, sigan culpando de todos los males al nuevo gobierno, es poner en riesgos lo pequeños logros que se han tenido y hay mucho aún por hacer; en ese quehacer se encuentra el que empecemos por cambiar nosotros mismos y exijamos a nuestras autoridades judiciales y ejecutiva se aplique la ley, para evitar se siga bañando nuestro suelo de sangre y se esté pidiendo…” revocación de mandato”, por los propios causantes de esta lastimosa situación.
Saludos conciudadanos.
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