
Conflictos en las universidades
Las instituciones de educación superior en México, iniciarían bajo los auspicios y ordenamientos del clero durante el siglo XVI en el año de 1551, denominándose, “Real y Pontificia Universidad de México”; en ellas se impartían las cátedras de: teología, filosofía, derecho y medicina, en los Estados de Guadalajara, Puebla y San Luis Potosí; la explicación se da sola, al distinguirse estos Estados por su gran carga de: fanatismo, hipocresía y corrupción.
Sería hasta 1772, tras la Independencia de México, cuando se supliría la influencia clerical para introducir a la educación los conceptos de libertad de ideas, impulsando para 1867, Gabino Barreda, la gratuidad y obligatoriedad de la educación.
Los cambios se sucedieron de forma tal que, a pesar del interés por enriquecer el conocimiento en las universidades en: investigación, cultura, arte, estudios económicos, demográficos e internacionales, la burguesía en complicidad con sectores políticos, dieron lugar a una nueva apertura a las universidades privadas, con la tendencia e influencia del clero.
Los propósitos de, Jaime Torres Bodet por enriquecer la educación en beneficio de la sociedad, se fueron difuminando; se crearon sí, muchas universidades públicas, con cargo al erario federal y estatal; en 1910 la primera sería la Universidad Nacional de México, misma a la que se le otorgaría la “Autonomía” hasta 1929.
A la fecha resulta paradójica esa tal “Autonomía”, cuyo significado regido por el Articulo 3° Constitucional señala que: “La autonomía universitaria es la facultad de autogobernarse y tomar sus propias decisiones sin interferencia externa, especialmente del gobierno; elegir sus propias autoridades; definir sus programas de estudio; administrar sus recursos; establecer su propia legislación, garantizando la libertad de cátedra y de pensamiento crítico. Es una responsabilidad que les permite cumplir con su misión social y académica y que está sujeta a la rendición de cuentas sobre el uso de los recursos públicos”.
¿Qué es lo que las comunidades universitarias, y el pueblo han venido viendo durante décadas sobre esta autonomía?, que las autoridades empezando con las de la UNAM violan estos preceptos; en la UNAM los rectores, siguen siendo nombrados por una cúpula previamente designada, en otras universidades, en elecciones amañadas de la A a la Z; la resistencia a rendir cuentas sobre los recursos otorgados del erario público es férrea, transformándose los rectores, en poderosos empresarios/políticos que, llegan a amasar grandes fortunas y que buscan en “legislaciones” totalmente amañadas, reelegirse; quitar prestaciones contra actuadas a los trabajadores; instaurar impunemente el nepotismo y, transformando el real objetivo de estas universidades que es, preparar a través de la academia e investigación a profesionistas honestos, en verdaderos centros de corrupción, no solo por los “desvíos” de cientos de millones de pesos que a nadie dan cuenta, sino al retorcido aprendizaje de alumnos y trabajadores, mediante represión y amenazas, obligándolos a convertirse en cómplices silenciosos de toda esa corrupción emanada de las mismas autoridades.
Tenemos un gobierno que repite recurrentemente: “que se oiga fuerte y se oiga lejos; no mentir, no robar, no traicionar”, en las universidades públicas, destacando la Universidad de Guadalajara (UdeG) y la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) esta visto no la escuchan o la ignoran.
Al parecer la presidente, Claudia Sheinbaum Pardo, su voz no se escucha, en las universidades; por eso en varias ocasiones, se le ha hecho entrega de documentos dándole a conocer la real situación de la UAS, esperando la comunidad universitaria sinaloense, y especialmente los jubilados de la UAS, quienes lo hemos gritado, para que se escuche, fuerte y lejos, hasta dónde usted esta.
Es esta nuestra defensa como pueblo y como universitarios presidente.
Saludos conciudadanos.
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