“La paz no puede esperar”
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Terror en las calles de MéxicoTerror en las calles de México
Guadalajara, Jalisco. Es de terror lo que está sucediendo día tras día en México. En Culiacán, Sinaloa, la delincuencia organizada rafagueó el pasado viernes 29 de agosto las instalaciones del Hospital Civil, dejando sin vida a personas que se encontraban en el área de urgencias, algunas esperando noticias de sus familiares que eran atendidos en ese momento. Sin discriminar entre mujeres, hombres, niñas y adultos, los agresores dispararon contra todas las personas. Según fuentes periodistas el saldo fue de cuatro personas asesinadas, entre ellas una niña, y tres más resultaron heridas.
La tragedia no sólo refleja la descomposición social, sino también el nivel de impunidad y terror con que el crimen organizado actúa. Atacar un hospital —un espacio que debería ser intocable, símbolo de la vida y la esperanza— es un acto que muestra con crudeza hasta dónde se ha normalizado la violencia en nuestro país.
El terrorismo se apropia de las calles, no sólo de Culiacán, sino de México entero, vulnerando a una nación que pareciera desdibujarse entre la violencia y el miedo. La ciudadanía vive entre la incertidumbre y la desesperanza, pues cada día se multiplican las historias de horror que enlutan a las familias mexicanas.
¿Qué está pasando con el Estado mexicano? ¿Dónde queda la seguridad que debería garantizar la vida de cada persona? ¿Qué futuro puede construirse cuando los espacios de atención médica, educativos o comunitarios se convierten en escenarios de guerra?
Hoy más que nunca urge recuperar la dignidad y la paz. No se trata solo de reforzar las medidas de seguridad, sino de replantear el rumbo de la nación. Es indispensable apostar por una cultura de paz, por la prevención desde las raíces mismas de la violencia y por la construcción de un Estado de derecho que proteja a su gente.
México no merece vivir con miedo; sus niñas y niños no merecen crecer en medio del terror. La memoria de quienes fueron arrebatados en el Hospital Civil de Culiacán debe recordarnos que no podemos acostumbrarnos a convivir con la barbarie.
La paz no puede esperar.
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