Observando

La edad de oro
Guadalajara, Jalisco.- Cuando se menciona a las personas adultas mayores suele relacionarse con el adagio popular de la “edad de oro”. Sin embargo, en México, con casi 15 millones de personas en este grupo, ese “oro” deja mucho que desear: más bien parece la edad del cobre, marcada por la precariedad y por la falta de necesidades básicas satisfechas.
En la vida cotidiana es frecuente ver cómo las personas adultas mayores enfrentan penurias para salir adelante. Persiste la idea de que ya no son productivas, de que están “respirando aire de más”, de que son tercas y odiosas. No obstante, se olvida que las personas adultas mayores son un engranaje vital en la economía del país, que sus vidas valen y que, como cualquier ciudadano, tienen derechos que deben ser reconocidos y garantizados en tiempo y forma.
Los derechos de este sector suelen recordarse solo en su mes y día de celebración, como si se tratara de un acto conmemorativo sin trascendencia. En esas fechas se convierten en materia prima para discursos que romantizan la vejez o en propaganda para políticos y partidos que, en nombre de “políticas públicas”, se quedan cortos en la validación real de derechos fundamentales como la salud, la vivienda, el trabajo, la educación y una muerte digna.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2024 se reportó que una de cada seis personas mayores de 60 años ha sido víctima de maltrato o violencia, cifra que se eleva en espacios institucionales, casas o asilos de atención de largo plazo.
El reto es claro: dejar de mirar a las personas adultas mayores como una carga y comenzar a reconocerlas como portadoras de experiencia, memoria y dignidad. La “edad de oro” no debe ser una frase vacía ni una postal nostálgica; debe convertirse en un compromiso social y político para que cada etapa de la vida sea vivida con plenitud y respeto.
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