¡Con la niñez no!

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Observando

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos

Guadalajara, Jalisco.- La cultura de la violencia criminal en nuestro país ha avanzado a niveles que parecen desafiar toda noción de humanidad. Cada noticia sobre asesinatos brutales que involucran a niñas, niños y adolescentes nos recuerda que estamos frente a una crisis que no distingue inocencia de culpa. El viernes pasado, en el histórico barrio de San Andrés, Guadalajara, Jalisco, cuatro cuerpos fueron hallados en el interior de una camioneta. Entre ellos, una niña de apenas 5 años y un niño de 10 años; la indignación social debe levantarse y decir: ¡Con la niñez no!

Durante mucho tiempo, aunque existiera la violencia, había un código no escrito que protegía, al menos parcialmente, a las familias. En la actualidad, la regla es clara: no hay reglas. Las infancias, que deberían tener espacios seguros para crecer y soñar, se han convertido en un blanco para la brutalidad organizada. Las niñas y niños no solo son víctimas colaterales; son también reclutados, manipulados y asesinados como
instrumentos de miedo y control.

La muerte de un niño o niña deja cicatrices en toda la comunidad. Genera miedo, erosiona la confianza en las instituciones y multiplica el dolor por la sensación de impotencia colectiva. Cada asesinato infantil es un llamado urgente a repensar nuestras políticas de seguridad, protección infantil y cohesión social.

No podemos resignarnos.

Socialmente, lo que debemos hacer es indignarnos y no dejar que se normalice la violencia. Desde la sociedad, es necesario exigir a las instituciones gubernamentales la reconstrucción del tejido social mediante la inversión en desarrollo humano, fortaleciendo los mecanismos de prevención de la violencia con cultura de paz y restaurando el pacto social para que se coloque a la niñez en el centro de nuestra acción colectiva.

La vida de cada niña y niño no es negociable. Son ellos quienes representan el futuro y la esperanza de nuestras sociedades. Defenderlos es, al mismo tiempo, defender la humanidad que aún podemos recuperar.

Pregúntese: ¿y usted qué está haciendo por nuestra niñez? Porque no basta con sentir indignación: hay que transformar la preocupación en acciones que garanticen protección, educación, y bienestar a quien más lo necesitan: la niñez.

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