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Entre las mordidas y lo correcto

SOCIEDAD Y OTROS DEMONIOS

Susana Aceves Ascencio

Según resultados del Barómetro Global de la Corrupción de América Latina, edición 2019, publicado por Transparencia Internacional, que nos muestran la percepción y la experiencia directa de los ciudadanos en este tema, en México nueve de cada 10 personas opinan que la corrupción sigue siendo un problema grave en el país.

Sobre la percepción de la corrupción en México, 44 por ciento de las personas encuestadas consideraron que ha aumentado durante el último año, mientras que 21 por ciento considera que ha disminuido.

Asimismo, el Barómetro Global evidencia que uno de cada tres personas tuvo que pagar un soborno en nuestro país para acceder a un trámite o servicio público, siendo 34 por ciento de los encuestados. Los servicios públicos en los que más se incurrió en esta práctica fueron: policía 52 por ciento, acceso a la justicia (35%) y servicios públicos básicos (30%). Por lo que, México se ubica como el segundo país con mayor índice de sobornos en América Latina.

En cuanto al Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), edición 2020 se presenta que México subió dos puntos de su calificación con respecto al año pasado, siendo de 31 puntos, por lo que, escaló seis lugares quedando en la posición 124 entre los 180 países evaluados. Sin embargo, entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el que nuestra nación forma parte, es el peor evaluado, estando en la última posición de los países que la conforman, siendo la número 37.

Estas cifras nos demuestran que la corrupción es un problema cultural, arraigado como parte de las practicas diarias, que, aunque sabemos que son ilícitas, las seguimos practicando por beneficio no sólo de quien pide el soborno, sino también de quién lo da. Ambas partes son culpables.

Dicen los analistas que los grandes problemas del país, como la corrupción, se deben de arrancar de raíz, que el sistema ya está colapsado y las personas muy corrompidas, que se requiere hacer un cambio estructural en todas las instituciones y realizar reformas legislativas para eliminar estas prácticas, y sólo así, se pueda combatir puntualmente y, logremos al fin, un estado de derecho sano.

Definitivamente es parte del trabajo que se debe hacer, sin embargo, estoy convencida que, si las personas nos hacemos conscientes del problema y lo que provocamos con las “mordidas”, aunque algunos pudieran decir, que solo lo hicieron una sola vez. Incluso así, somos parte de ello.

Hay que romper con este círculo vicioso, de intereses y beneficios personales. Hay que retomar los principios y valores que nos inculcaron nuestros padres. Entender que hacer las cosas bien, no sólo nos beneficia a cada uno, sino que es por un bien mayor, que es el beneficio colectivo.

¿Por qué esperar a que otros “hagan el cambio” cuando nosotros mismos desde nuestra individualidad podemos lograr lo inimaginable?

Puedes pensar que es una falacia, que corresponde al gobierno y tienes razón en exigir así, sin embargo, te puedo asegurar que se puede lograr ese cambio desde nosotros. Llevará más tiempo, quizás; pero si creas la conciencia de lo correcto en las personas que te rodean y ellas, a su vez, lo hacen también, estaremos formando un círculo virtuoso que nos lleve a lograr las transformaciones que el país necesita.

Cada uno de nosotros somos parte de la solución, sólo es cuestión de hacer lo correcto en todo momento, anteponiendo el beneficio personal al del colectivo.

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