La dignidad de poder expresarse

¿Y si el meme también es una forma de expresión?

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La dignidad de poder expresarse

Guadalajara, Jalisco. Hay cosas que llegaron a nuestra vida cotidiana sin pedir permiso y que, poco a poco, cambiaron nuestra manera de comunicarnos.

Un mensaje de whatsApp, una fotografía, un video, una caricatura o un meme. A veces nos hacen reír; otras, nos incomodan. Pero también pueden decir, en una sola imagen,
aquello que muchas personas piensan y no siempre encuentran cómo expresar.

Por eso, cuando aparece en el debate público el término «Ley Antimemes», vale la pena detenernos. No para quedarnos con el nombre que circula en las redes sociales, sino para entender que propone realmente la reforma y que implicaciones puede tener para nuestros derechos.

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La iniciativa presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum el 29 de mayo de 2026 forma parte de un paquete de reformas en materia de propiedad industrial. Entre sus disposiciones se encuentra el artículo 403 Bis, relacionado con el uso indebido de la identidad gráfica institucional.

La propuesta generó controversia por las posibles consecuencias que podría tener sobre la libertad de expresión. Sin embargo, es importante distinguir entre la redacción inicial y las modificaciones que posteriormente se incorporaron al dictamen discutido en el Senado.

El texto modificado contempla sanciones para determinadas conductas de uso comercial de la identidad institucional cuando existe la intención de engañar y cometer un ilícito.

Esta precisión es necesaria porque no es lo mismo utilizar símbolos oficiales para cometer un fraude que recurrir a la sátira, la caricatura o el humor para expresar una opinión.

No podemos meter todo en el mismo costal.

Una cosa es proteger a la ciudadanía frente al engaño y otra, muy distinta, es restringir la expresión de quienes cuestionan o critican a las instituciones.

Y aquí es donde los derechos humanos tienen mucho que decir.

La libertad de expresión también se ejerce con humor Nuestra Constitución reconoce el derecho de todas las personas a buscar, recibir y difundir información e ideas por cualquier medio de expresión.

Este derecho no se limita a las palabras pronunciadas en un discurso ni a las opiniones publicadas en un periódico. También comprende distintas formas de comunicación, incluidas aquellas que recurren a la ironía, la sátira y el humor.

Un meme puede ser solamente una broma, pero también puede convertirse en una crítica política, una expresión de inconformidad o una manera de cuestionar las decisiones de quienes ejercen el poder.

A veces, una imagen consigue abrir una conversación que parecía imposible.

Y eso también es participación ciudadana.

La libertad de expresión no significa que todas las publicaciones estén exentas de responsabilidad. Como cualquier otro derecho, debe convivir con los derechos de las demás personas y con los límites establecidos por la ley.

Pero tampoco podemos perder de vista que la crítica, incluso cuando resulta incómoda, forma parte de la vida democrática.

Una sociedad no puede exigir que todas las voces piensen igual, ni que todas las expresiones sean agradables para quienes gobiernan.

Cuando la incertidumbre provoca silencio Hay un aspecto que merece especial atención desde la perspectiva de los derechos humanos: la claridad de las leyes.

Cuando una disposición no permite identificar con suficiente precisión qué conductas están prohibidas, puede generar incertidumbre y temor entre las personas.

Y ese temor puede convertirse en autocensura.

Alguien piensa dos veces antes de publicar una caricatura. Otra persona decide no compartir una imagen. Alguien más prefiere guardar silencio para evitar posibles problemas legales.

Quizá nunca llegue a enfrentar una sanción, pero el miedo ya habrá limitado su participación.

Por eso, las leyes que pueden afectar la libertad de expresión deben ser claras, precisas y previsibles. La ciudadanía tiene derecho a saber qué conductas pueden generar responsabilidad jurídica.

No se trata de otorgar una autorización para publicar cualquier contenido, sino de garantizar que la regulación no termine castigando expresiones legítimas.

La seguridad jurídica también es un derecho.

El poder también necesita escuchar En una democracia, las instituciones tienen derecho a proteger su identidad y a evitar que alguien utilice sus símbolos para engañar a la población.

Pero la ciudadanía también tiene derecho a observarlas, cuestionarlas y exigirles cuentas.

La crítica no siempre llega mediante un documento jurídico, una conferencia o una denuncia formal.

A veces llega en una caricatura, en una canción, en una publicación o en un meme que resume el descontento de muchas personas.

Y aunque el humor pueda parecer una expresión sencilla, también puede tener un significado social y político.

Por eso, la discusión sobre esta reforma va más allá de las redes sociales. Nos invita a reflexionar sobre la relación entre el poder, la ciudadanía y el derecho a expresarnos.

¿Qué tan dispuestas están nuestras instituciones a escuchar las voces que las cuestionan?

La pregunta es necesaria porque una democracia no se construye solamente con quienes aplauden. También necesita a quienes preguntan, señalan errores, manifiestan desacuerdos y proponen cambios.

La crítica no debilita necesariamente a las instituciones. También puede contribuir a que rindan cuentas y mejoren su actuación.

La dignidad también se defiende en el mundo digital.

Nuestra vida pública también ocurre en los espacios digitales. Ahí conversamos, compartimos información, expresamos inconformidades y participamos en asuntos que afectan nuestra vida cotidiana.

Por eso, el mundo digital también debe ser un espacio donde se respeten los derechos humanos.

Necesitamos leyes que protejan a las personas frente al fraude, la suplantación de identidad y otras conductas ilícitas. Pero también necesitamos garantías para que esas normas no se conviertan en obstáculos injustificados para la libertad de expresión.

La discusión legislativa sobre el artículo 403 Bis debe considerar ambas dimensiones y ofrecer certeza jurídica.

No se trata de defender el meme por el meme. Se trata de comprender que detrás de una imagen puede existir una opinión, una crítica o una preocupación legítima.

Y que la posibilidad de expresarla también forma parte de nuestra dignidad.

Porque cuando una persona puede cuestionar, disentir y participar en los asuntos públicos sin temor a restricciones arbitrarias, no solamente ejerce su libertad de expresión: también contribuye a construir una sociedad más democrática.

La dignidad humana también consiste en tener voz.

Al cierre de esta columna, la ley en cuestión espera su discusión y votación; están previstas para el 29 de septiembre del año en curso.

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Patricia Alvarado
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