Invertir en la paz: Una tarea de todos los días

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Puntos de Paz: la paz no se inaugura, se construye
Invertir en la paz: Una tarea de todos los días

Guadalajara, Jalisco.- Hablar de paz en estos tiempos puede parecer difícil. Vivimos momentos de incertidumbre, violencia, desigualdad y profundas divisiones sociales.
Pero justamente por eso, hablar de paz ya no puede ser un acto simbólico: tiene que convertirse en una decisión cotidiana.

Este 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz, las Naciones Unidas nos proponen un mensaje que vale la pena escuchar: “Invertir en la paz: para todos, en todas partes,
todos los días”.

Y hay algo fundamental en esta propuesta: la paz no se construye únicamente en los grandes acuerdos internacionales, ni se queda en las oficinas de los gobiernos o en las
mesas donde se negocian conflictos.

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La paz también se construye aquí.

En una escuela cuando se enseña a resolver un conflicto sin violencia.

En una familia cuando aprendemos a escucharnos.

En un barrio cuando las personas se organizan para cuidarse.

En una comunidad cuando se combate la discriminación.

En una sociedad cuando se defiende la dignidad y los derechos humanos.

Porque la paz no significa solamente que no haya guerra. La paz significa poder vivir con seguridad, con dignidad, con igualdad y con oportunidades.

Por eso, invertir en la paz significa también invertir en educación, en justicia, en prevención de las violencias, en igualdad, en derechos humanos y en comunidades capaces de resolver sus diferencias mediante el diálogo.

Las Naciones Unidas hablan de los “arquitectos cotidianos de la paz”: esas personas que, muchas veces sin reflectores, trabajan todos los días para transformar su entorno.

Son docentes, madres, jóvenes, defensoras y defensores de derechos humanos, periodistas, mediadores, organizaciones sociales, vecinos y ciudadanos que deciden no ser indiferentes.

Y aquí quiero detenerme en algo: la paz no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos. Pero tampoco puede ser responsabilidad únicamente de la ciudadanía.

Necesitamos corresponsabilidad.

Necesitamos instituciones que prevengan, que protejan y que garanticen derechos. Y necesitamos comunidades que participen, que se organicen y que no normalicen la
violencia.

Hace décadas que la comunidad internacional trabaja en mecanismos de consolidación de la paz. Y esa experiencia nos recuerda una verdad sencilla: cuando un conflicto se atiende solamente cuando ya explotó, llegamos tarde.

La verdadera construcción de paz comienza mucho antes.

Comienza atendiendo la pobreza, la desigualdad, la discriminación, la exclusión y todas aquellas condiciones que pueden convertirse en terreno fértil para la violencia.
Por eso, este 21 de septiembre no tendría que ser solamente una fecha para colocar una paloma blanca en un cartel.

Tendría que ser una oportunidad para preguntarnos:

¿Qué estoy haciendo yo para construir paz?

Tal vez sea escuchar a alguien.

Ayudar a quien lo necesita.

Levantar la voz frente a una injusticia.

Participar en nuestra comunidad.

Abrir espacios de diálogo.

Educar a nuestras niñas, niños y jóvenes para resolver los conflictos sin violencia.

Porque la paz no se decreta.

La paz se aprende, se practica, se defiende y se construye.

Y se construye todos los días, desde cualquier lugar.

Desde nuestras casas, nuestras escuelas, nuestras calles, nuestras comunidades y también desde nuestros micrófonos.

Este 21 de septiembre hagamos que la paz deje de ser solamente un deseo y se convierta en una acción.

Porque invertir en la paz es invertir en la vida, en la dignidad y en el futuro.

La paz no puede esperar. La paz se construye a tiempo.

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Patricia Alvarado
Patricia Alvarado
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