De Fragmentaciones a Neblina Morada

¿Y quién es usted?
Por: José Ruíz Mercado

Fue casi el día completo. Café recién hecho. El aroma ideal entre libros. No
recuerdo el año. Nos encontrábamos en Toluca, las oficinas del Centro Toluqueño
de Escritores cuando presidía Eduardo Osorio. Uno de los jurados tenía ya su
boleto de regreso. Estarse más tiempo significaba perderlo. Optó por perder la
discusión en lugar de su boleto.
Muchas veces desconocemos las repercusiones posteriores. Decir la
importancia de una obra es toda una aventura. Hasta donde se puede llegar. El
día de la premiación es fiesta para uno, decepción para el resto. Responsabilidad
enorme fungir como jurado. Premiar, pudiera no ser el concepto adecuado,
otorgarle un reconocimiento va más allá del momento.
Variables del resultado de los concursos (Como decía un maestro: En los
concursos todos deberían ganar un premio. Concursar es concurrir. Nada más por
eso) En el peor de los casos, se le otorga al menos malo, pero ¿bajo qué criterio?
Otro es otorgárselo a quién apuesta por una estructura, por los contenidos, por el
conocimiento del tema, por la técnica. Ese día las obras estaban en el renglón
último, las variables.
A los años considero no haberme equivocado. La obra se publicó. Se presentó
en varios espacios. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la de Minería,
ante públicos diferentes. Preguntas opuestas. Desde las venidas por la ausencia
de lecturas, hasta la de quien tiene una (in)formación literaria. Ah, la calidad del
lector.
Se habla de los programas de lectura. Se dice del libro, se vuelve mítico. Se
habla del país de lectores. De la economía de quien lee. Se dicen tantas cosas. El
idilio. El frenesí. Pero, nos llega la acidez en la pregunta ¿Los libros se hacen
solos?
Oficio se exige en cualquier labor. Dedicación, conocimiento, entrega. La
pecunia debe de estar presente. Para que esto exista, el autor debe de ser
reconocido, respetado como tal. Diremos en los términos actuales: Ser mediático.
Los factores son muchos. Desde el análisis de la escritura, los acercamientos de
búsqueda, la visión de entender las aportaciones. Para esto requerimos de un
lector con conocimiento, no uno consumista.
Si, fue casi el día completo, ahí estaba la obra, la que nos retrataba con mayor
certeza lo vivido del Siglo XX. La visión de un mundo fragmentado en sus
circunstancias, sus anhelos, su vida política: Fragmentaciones. La novela que
vislumbraba ser la novela de la segunda mitad del Siglo.

Si, la novela representativa de ese momento histórico. Ya había pasado la
primera, la de José Revueltas, la de Carlos Fuentes, la de Juan Rulfo, Juan José
Arreola; ahora seguía la otra, la de la Guerra Fría. No tanto la militancia, sino la
visión del ciudadano a fuerza de vivir.
La novela de la Revolución Mexicana, la novela rural, de alguna manera la
novela de la Cristiada sin mucho por decir, la novela urbana de ejes viales
construida, la de la onda con su pasto verde y otras anexas. Se venía dando la de
frontera (hasta hoy poco estudiada) Hacia falta la de los setenta, la persecución,
los fragmentos de vida, la novela de José Falconi. Y ahí estaba.
Fragmentaciones fue eso. Fue más. Fue sorpresa de conocer para algunos
cuántos, de observar la historia desde otra perspectiva. De nuevos lectores. Se vio
al autor en una y otra feria. De nacencia la otra frontera: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Precisamente a la mitad del Siglo XX.
Y vinieron otras, y muchas más. Como los buenos autores nacidos en los
cincuenta bebió de los grandes, los presentes, con la cultura ancestral, el
Aguamuerte y Sonidos Nucleares, con la Escala Roja, con Neblina Morada.
Poesía, narrativa, los fragmentos de una tarde de siglo para empezar, sin
pensarlo, en la siguiente estación XXI.
Tuve un mi bisabuelo que cumplía el requisito para serlo: ser papá de mi abuelo.
Así que Papá Lindo, papá de Papá Oscar, fue por largos años mi bisabuelo por
línea materna, así, en el desenfado total, la ironía, la presencia de Escala Roja.

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