Ferias, Fiestas, Los Encuentros

Por: José Ruíz Mercado
¿Y quién es Usted?

Los libros también tienen su fiesta. Tienen su momento. Posiblemente sea más
exacto comentar de la fiesta del bibliófilo. Luego decir, yo estuve, yo escuché. La
fiesta puede ser tan grande como cada paseante la disfrute. Luego sacarse la foto,
pedir el autógrafo, subir a las redes para comentar el estoy, a los años hacer el
comentario pertinente. Una manera de socializar.
Las anécdotas de este acontecer son muchas. Los nombres (digamos
mediáticos) celebres desfilan entre el ojo (llamémosle lente) del celular a la orden
de Tía Chuchita, quien, junto con Doña Concha la del pozole se dieron cita para
darse un baño de cultura al lado de Filemón, el sobrino, a quien, unos meses atrás
le dio por escribir. Las anécdotas.
También nos topamos con el estudiante dispuesto a ligar, presumir de lector,
buscar el libro soñado, del escritor mil veces citado en clase, pero, ahora se dirá
conocedor de la obra toda, por algo tiene cien y estrellita, pero, siempre él, pero
por delante, a la niña en turno sólo le interesa el autógrafo del chico feliz de las
redes sociales.
Estampas cotidianas. Personalidades en debate. Para unos sus quince
segundos de gloria, para otros la conformación, afirmación del profesionalismo
justo, el foro exacto, el intercambio de ideas, aunque de pronto aparezca tía
Chuchita con la pregunta estelar: ¿En qué se inspira para escribir? Para todos hay.
Estampas cotidianas. Estampas permisibles en día feriado. Todo se vale. No
siempre se da. Todo se vale, más aún cuando un año no pudo darse, permaneció
cerrado, aislado para muchos. La distancia, la frialdad de las redes, como quien se
enamora a través del WhatsApp (la aplicación fantasma, la del qué inaplicable)
así, a la distancia, sin poder verte a los ojos, o imaginándote toda plena por lo
lejano, la posibilidad de ya no poder llevarse a cabo: 2020, la pandemia, lo no
pensado, lo inesperado, todo a la distancia, sin la presencia. La escena oscura,
gris, de una feria sin fiesta.
Este año vuelve la música, las estampas nuevamente. Extraño a Tía Chuchita
con su discurso de Tía Tula, al niñito ligador, al político presuntuoso de lecturas de
solapa, sobre todo al autor cuya editorial desea ofrecerle un sitio junto al
profesional de las letras listo para ofrecer al público, compartir su visión estética,
su descubrimiento en el plano de la investigación, compartir con el colega lo
propio, entrar a la sociedad del conocimiento, compartir los libros, los artículos, el
trabajo, en ocasiones difícil de encontrar. Vuelve la música, la repartición del
trabajo, la participación, las voces inteligentes haciendo énfasis en lo logrado,
tanto como la necedad de quién quiere un libro regalado, y se cuelga de un evento
para lanzar su tóxico discurso. La fiesta del libro regresa a lo presencial: Fiesta.

Y recuerdo la primera feria a la cual asistí en mis años de estudiante de
secundaria, la Feria Municipal del Libro en Guadalajara, se dice fue la primera. La
vi crecer para luego marchitarse. Asistí a la primera Feria Internacional de
Guadalajara, participé en alguna mesa, me tocó ir a la del Zócalo en la Ciudad de
México, a la especializada en Teatro de Chapultepec. La fiesta, la fiesta.
Esperamos la Feria Internacional de este año. Saludar a los autores del país
invitado, antes asistir a la Feria Internacional de Toluca de Lerdo, saludar a los
amigos, participar, intercambiar, como gran fiesta, como debe de ser un encuentro
de conocimiento. Esperamos en Toluca a partir del veinticuatro de septiembre y
hasta el tres de octubre.
Y el tres David Ricardo y Claudia Ascencio presentan el libro de las actividades de
CITA, y Catalina Miranda Soliloquio de la Yegua Dormida. La fiesta de nuevo, los
encuentros.

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