¿Inútil? El Silencio

¿Y quién es usted?
Por: José Ruíz Mercado

El porcentaje del candidato a quien, según se dice, se cuenta a partir de los
votantes. Dividido entre los aspirantes, las abstenciones, digamos que el
favorecido se queda con un 34 %. Digo, todo es hipotético. Aún viene el
descuento ¿Qué tanto de ese porcentaje es real? Es decir, ese candidato
triunfador ¿a cuántos representa? ¿Cuántos son promesa de un bien por
recibir?
La historia se repite. Lo que debiera caminar acorde a propuestas lo hace con
suposiciones, con encuestas mal planeadas. Ausencia metodológica. De ahí la
nula creatividad. Las propuestas de gobierno se limitan a una sola voz: la de
los amigos.
La falta de identidad permea toda campaña política. La clase política, a partir
de una educación escolarizada, en donde la historia del país se centra en la
conflictiva de los grupos hegemónicos, en el santoral político, una especie de
religión con sus símbolos y rituales ha provocado todo un estancamiento.
¿Qué pasaría si los paradigmas educativos se cambiaran? A principios del
Siglo XX hubo una propuesta en donde se proponía la historia a partir de los
cambios en el arte y la ciencia.
Para que un estilo artístico cambié es necesario toda una restructuración del
pensamiento, y este se da a partir de cambios sociales, principalmente en lo
económico.
Aquí entra la falla inicial. Si desconocemos nuestra historia, es decir, nuestra
forma de pensar, la proveniencia de nuestro acontecer, buscaremos en el
exterior lo relativo al otro sin encontrarlo. Nos falta la conciencia, nos falta
comprender la antropología del yo. Esa identidad poco estudiada.
Los grandes filósofos han mencionado como, el colectivo genera estructuras
de pensamiento sin fundamento. Quien camina en ese paradigma se convierte
en el consumidor compulsivo, capaz de todo con tal de obtener lo deseado, lo
cual, no sabe de donde proviene, pero alguna vez le dijeron que era lo valido,
luego entonces, ante la ausencia de una memoria histórica, va a pretender
obtenerla en el exterior.
Los espacios urbanos se cargan de historia en el imaginario colectivo para
transitar en la memoria de quienes cohabitaron en similitud de circunstancias
prolongando así lo individual. En ocasiones las anécdotas nos llevan a
espacios, a personas, vivencias de un alto colorido. Más aún cuando se
convierten en un todo: La cotidianeidad de personalidades de la cultura de una
ciudad.
La función del arte, entre otras, dada sus cualidades en la antropología del
pensamiento, es la propuesta de irnos a las raíces mismas, de comprender el
cómo y los por qué del diario devenir. Comprender al arte y a los artistas que
son el reflejo de una sociedad, una profesión.
Como país requerimos de estudiosos en la materia. Ya lo he mencionado
infinidad de veces, requerimos de sociólogos de la cultura, antropólogos,
psicólogos, lingüistas, individuos comprometidos con el trabajo cotidiano.
Dejemos a un lado ese miedo a pensar, A la clase política, si realmente quieren
tener ese servicio del cual tanto presumen, tener un equipo de trabajo, que no
provenga del sastre del emperador, sino aquel con ética, Ésta es la función del
artista; digámoslo, la ética del trabajo creativo. Y el político debiera ser creador.

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