¿Denuncias o te quedas callada?

SOCIEDAD Y OTROS DEMONIOS

Susana Aceves Ascencio

La semana pasada me encontraba en el restaurante de mi amiga Mónica, quien me invitó a degustar el nuevo menú que ofrecerá a sus clientes. Entre las conversaciones, estuvimos debatiendo sobre la violencia de género. En la plática tan acalorada que teníamos, no nos percatamos que Lily (así la llamamos por protección de su identidad) la chef del lugar, nos había llevado unos entremeses y atenta se quedó escuchando lo que decíamos. Pasaron unos minutos y con voz temblorosa Lily se atrevió a interrumpir y hablar: “¿cómo puedo hacer una denuncia? Mi exnovio me está amenazando de muerte desde hace varios meses.”

“En la noche no pude dormir, por el temor de que se brincará a mi casa y entrará a mi cuarto, ya lo había hecho en otra ocasión. Ya no sé qué hacer, no aguantó más esta situación, me siento atrapada en un callejón sin salida”. Lily con un aspecto triste, tomó un respiro y con lágrimas en los ojos, agarró su celular y nos mostró los mensajes amenazantes y unas fotos en dónde se observaba unos moretes que tenía en los brazos. Por supuesto; no era la primera vez que le dejaba estas marcas.

Con miradas de asombro, volteamos hacia Lily y Mónica le dijo: “necesitas levantar una denuncia contra él, esta situación que estas viviendo no se puede quedar así. Es importante que si tomas esta decisión no te puedes echar para atrás y tienes que seguir adelante hasta sus últimas consecuencias. Si estas decidida a hacerlo, yo te acompaño”.

Decidida Lily, se fue con Mónica a la Fiscalía, en dónde se presentaron al área de atención temprana, donde su finalidad es dar la primera atención a las personas que pretenden denunciar un delito. El responsable sólo se limitó a levantar la cabeza y preguntar ¿a qué vienen?, Mónica le empezó a explicar que iban a levantar una denuncia y ni siquiera la dejo terminar, cuando le contesto: “ahorita que se desocupe el (agente de) Ministerio Público”. Les mostró hacia donde se tenían que dirigir para esperar turno.

Pasaron diez minutos y de una oficina salió una mujer bajita, de pelo recogido, con cara de pocos amigos y pregunta: ¿Quién sigue? Se levantaron las dos de los asientos apresuradamente, y la agente, mirándolas fríamente les dice: “solo puede pasar una”. Mónica, como asesora de la víctima trato de explicarle de lo que se trataba y no la dejo terminar, cuando volvió a comentar: “sólo puede pasar una”.

Mónica por su parte, le hablo a un amigo que trabaja en la Fiscalía y le comento el asunto para ver de qué manera les podría apoyar al respecto. Salió Lily de la oficina pensativa y preocupada; sólo se percató a decir que la licenciada le pidió que pasara a que le tomarán la declaración enfrente de la oficina en donde se encontraba un escritorio con una computadora.

Cuando se dirigían hacia el lugar, a Mónica le marcó a su amigo y le dijo que se fueran al Centro de Justicia Familiar, que allá les iba estar esperando la encargada para recibir la denuncia.

En el camino, Lily comenta que ya no está segura de presentar la denuncia. Mónica insistente, le pregunta por qué el cambio de opinión y ella le comenta que la agente la cuestionó sobre porque no había denunciado antes, que ya había pasado tiempo. Lily le respondió que por miedo. La servidora pública con una risa burlona y de manera muy grosera, le pide que vaya a que le tomen la declaración. Y no solo tuvo que aguantar esta humillación, sino que la persona responsable de tomarle la declaración, le pide que le diga el motivo de la denuncia y ella responde: “mi exnovio me amenazó de muerte”. A lo que él, le dice “pues que le hiciste”.

Ya en el Centro de Justicia Familiar, el proceso que siguió fue más eficiente, con respeto, empatía y en espacio de confianza hacia con la víctima.

Este caso, es un ejemplo de cómo muchas mujeres tienen que pasar por malos tratos, humillaciones, burlas y un sinnúmero de cuestionamientos como si ellas fueran las provocadoras de la violencia hacia ellas.

Lily tuvo la suerte de contar con una asesora jurídica que estuvo apoyándola en todo momento, además de que gracias a sus contactos pudo hacerlo de una manera seria, responsable, empática y con mucho respeto.

La cultura de la denuncia sigue en pañales y más en los temas de violencia hacia las mujeres, las pocas que se atreven han recibido este tipo de tratos de las personas que se supone tienen una preparación de apoyo hacia este tipo de víctimas. Imagínense ¿qué pasa con aquellas mujeres que, sin saber leer, escribir y mucho menos con un asesor que les apoye en su proceso quieran presentar una denuncia a sus víctimas?

La violencia contra las mujeres está inmersa en todos los ámbitos de la sociedad, la mayoría de las veces no tenemos conciencia de ello, pensamos que es normal esos comportamientos por parte de los hombres hacia con nosotras. Es por ello, que se ha venido trabajando desde las instituciones, asociaciones civiles, profesionistas y activistas para entender, concientizar y erradicar la violencia en todas sus manifestaciones, falta mucho por hacer y reaprender, es imperativo lograr el cambio cultural para todas y todos.

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