Día de Pinta

GOURMET VINTAGE

Víctor Vish Fernández

«En febrero son las inscripciones y en septiembre las clases» rezaba el eslogan del comercial en los años 90s que anunciaba un nuevo ciclo escolar. Hoy con las medidas adoptadas de sanidad, por Covid-19, las clases son en casa, vía televisión o internet a través de diversas aplicaciones. Esto hace que muchos padres valoren la labor de un profesor, la paciencia y dedicación que tienen para sus alumnos en grupos de 50 o más estudiantes por aula.

El famoso puente de Arcediano en el fondo de la barranca de Huentitán.

Uno de los maestros que más recuerdo es Gonzalo Basurto, en sexto de primaria, aparte de ser estricto no hubo un día que no nos recordara que lo más valioso era la vida y las mujeres, que un hombre no se mide por la fuerza física, sino por la capacidad de siempre tener bien atendida la familia. Palabras que fueron reforzadas en casa. 

Otra de las frases que nos decía el profesor Gonzalo, que el verdadero día del estudiante no era el 23 de mayo, sino el primer día de clases, dónde el tráfico se volvía loco en honor a ese gran día, donde todos estrenaban uniforme, zapatos, tenis y mochilas de los personajes de moda. En este 2020 muchos estudiantes no sabrán lo que es ese día, saludar a los compañeros del año paso y conocer los que se integran; ver las lagrimar del infante que por primera vez se aleja de sus papás para iniciar una carrera de estudiante. 

Este año tampoco se vivirán las aventuras estudiantiles, mejor conocidas como «el día de pinta». Ese día era no entrar a clases, llevar ropa de uso diaria abajo del uniforme, dejar la mochila en la tienda de la esquina más cercana a la escuela. Después tomar el transporte público y todo el grupo visitar, en el caso de Guadalajara, la Plaza Tapatía y terminar empapado en la fuente que está a un costado de la serpiente encantada. Otro de los destinos socorridos para este día era el parque Agua Azul, y que decir del parque Alcalde, teniendo como principal atractivo una laguna con sus respectivas lanchas. Lugar donde cupido hacia de las suyas. Y con una historia más reciente, al oriente la ciudad, el inmenso Parque de la Solidaridad. 

Y aventura más intensa, tomando en cuenta la edad, era ir a la barranca de Huentitán, bajabas cantando y silbando, abajo estaba un pueblo donde vendían menudo (pancita) y tacos de guiso. Ahí estaba el puente de Arcediano, el que usábamos para cruzar el río Santiago y llegar a las huertas de mangos, comer a llenar para horas después sufrir para subir. Ese día el sándwich se regresaba intacto en la mochila, y el bronceado de andar de vago siempre me delataba en casa, y del castigo luego hablamos, como también la táctica para esquivar la chancla de mi madre.

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