Ana lejos del Tiburón

Por: José Ruíz Mercado
Ahora sí. Como lo hacía mi abuela. Luego, creo que la tradición pasó a una
de mis tías. La preparación era todo un rito. Hervir el agua. Listos sendos jarros
se llenaban con el agua a punto de ebullición. Luego se regresaba el agua al
recipiente inicial. Esperar de nuevo la hervida. Los jarros eran bañados en su
interior con coñac.
Ya esperaba una talega, de esas fabricadas de manta, con una cuchara de
las grandes de café. El agua caliente en cada jarro. El aroma era único. Café,
coñac. Luego se sentaban a esperar la salida del sol.
Este ritual lo hacían cada ocasión cuando se acercaba un cumpleaños. El
café es buena fortuna, decían, el coñac es paz, tranquilidad, afirmaban.
Esperaban la salida del sol como esperar una nueva vida.
Los cumpleaños se festejan cada año nuevo. Cada individuo tiene su año
nuevo, se celebra cuando se festeja un cumpleaños. De ahí la espera del sol.
De ahí, en silencio, preparar el café en una talega como esperar con pañales
bordados al venidero. El ritual de mi abuela.
Los cumpleaños fueron así mientras vivió ella, mamá grande, como le
decíamos, con sus vestidos largos, finamente estampados, finamente con finos
encajes. Nadie, absolutamente nadie le dijimos abuela. Era (y sigue siendo)
mamá grande.
Lo digo, no sólo por recordarla, sino porque, cosas del destino, dos
personajes de las letras cumplen años el 24 de septiembre. Uno, nacido en
Jilotlán de los Dolores en 1954 (esa generación tan comentada) y el otro, en
Zapotlán el Grande (llamado por muchos Ciudad Guzmán) diez años después.
Dante Medina novelista, poeta, dramaturgo, ensayista, aporta a lo largo de su
obra nuevas palabras al lenguaje, juega con la materia prima del idioma, le da
un giro al uso cotidiano al grado de obtener una novelística, desde la primera,
con una estética plagada de giros idiomáticos.
Hugo Salcedo desde sus primeras obras, su participación en el movimiento
Teatro del Norte, los reconocimientos, sus libros teóricos, su visión hacia el
teatro para niños, desde el ensayo El Teatro Para Niños en México, publicado
por Porrua en enero del 2002, a Don Tiburcio, el Tiburón. Mejor lo decimos al
revés, de Tiburcio (junio del 2000, Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco)
al ensayo.
Y es que Don Tiburcio, el Tiburón tiene un espacio dentro de la dramaturgia
mexicana por su invitación al juego, rompe con la idea del teatro infantil para
llegar al teatro para niños, el teatro creativo, la inteligencia.
Sus personajes son históricos porque se alimentan de las corrientes
dramáticas. Entre el personaje de La Bailarina y el Payaso sostienen un dialogo
que nos remite a la comedia del arte, los juegos verbales, el no/ tiempo.
La publicación de Don Tiburcio tiene una historia. Un pacto entre el autor y el
grupo. Se llegaron a más de 150 funciones. Lo común siempre es la debelación
de placa alusiva. Se hace la ceremonia en el teatro, después llega la siguiente
administración, y adiós placa, adiós historia. Mejor gestionar un libro.
Y el libro se hizo. Fueron los últimos días de la administración de Guillermo
Schmidhuber de la Mora y Artemio González como director de Publicaciones.
La distribución falló.
Con Dante Medina, Ana personaje, Ana real. Ana la que Nunca Salió al Pan,
Ana de las mil vírgenes. La personaje de Yo Soy Don Juan, Para Servir a
Usted, la del libro, la ensayística, la poesía. Probablemente sea la invitada
principal este 24 de septiembre, cuando se cumplan años, cuando Dante y
Hugo celebren cada uno, el mismo día, su cumpleaños. Aunque nacieron en
fechas diferentes, el uno en Jilotlán, el 1954, el segundo en Zapotlán, el
Grande, apodado Ciudad Guzmán, en 1964. Ambos de Jalisco. Ambos del 24
del noveno mes. Y ahí estará Ana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *