Lo que callamos las mujeres

SOCIEDAD Y OTROS DEMONIOS

Susana Aceves Ascencio

Paty se enteró de una convocatoria para aplicar al puesto de médico general en una institución de salud en el sector público.

En la entrevista de trabajo, Paty comenta que el director médico le preguntó por quién estaba ahí, ella sin entender a lo que se refería le mostró cara de sorpresa, por lo que él le replanteó nuevamente la pregunta: ¿por qué persona vienes recomendada para el puesto? Paty inmediatamente le dijo que, por ella misma, así como derivado de los buenos resultados de la aplicación a la convocatoria y su experiencia de trabajo. El doctor Rodríguez, la miro con cara de asombro y soltó una carcajada, a lo que le señaló: “excelente respuesta, estas contratada y empiezas a partir de mañana”.

Paty estaba feliz y emocionada, pero ese sentimiento le duró sólo unos instantes, ya que, el recibimiento por parte de su jefe directo fue hostil desde el primer momento. Por una compañera de trabajo, ella se enteró que él quería ese puesto para su sobrina. A partir de ese día, empezó su calvario y pesadilla, nunca pensó que buscar un trabajo digno y con un salario decente, le traería tanto dolor a su vida.

“En una ocasión me obligó el doctor Pérez, mi jefe inmediato a ir a su oficina, con el pretexto de firmarme una autorización de un paciente, al darme la vuelta, sentí su mano rozándome los glúteos. Le reclamé y lo único que conseguí fue una risa burlona y comentario sarcástico de “exagerada”, era sólo una muestra de cariño. Y a partir de este suceso, fueron cinco años de constante acoso laboral, hasta terminar en un despido injustificado”.

Este es uno de miles de casos en los que las mujeres han tenido que callar por preservar su empleo, ya que, es la única fuente de ingresos con la que cuenta su familia.

Este testimonio nos muestra cómo las mujeres históricamente hemos vivido diferentes tipos de abusos y discriminación, así como nos encontramos en un estado de indefensión, que hasta nuestro mismo género es capaz de “aliarse” con los hombres para humillar, inventar situaciones y mentiras, ayudar para que las cargas de trabajo hacia la víctima sean incesantes, quedarse calladas ante este tipo de situaciones, boicoteo en el desempeño del trabajo, y así un innumerable número de situaciones que atentan contra la dignidad humana y la violencia de género.

Las mujeres somos más vulnerables a sufrir acoso y hostigamiento laboral, lo más asombroso es que sin darnos cuenta, normalizados este tipo de situaciones, ya que, no somos conscientes de las implicaciones que conlleva quedarnos calladas.

La Organización Mundial del Trabajo define al acoso laboral como “la acción verbal o psicológica de índole sistemática, repetida o persistente por la que, en el lugar de trabajo o en conexión con el trabajo, una persona o un grupo de personas hiere a una víctima, la humilla, ofende o amedrenta”. Asimismo, define al acoso sexual como “una conducta no deseada de naturaleza sexual en el lugar de trabajo, que hace que la persona se sienta ofendida, humillada o intimidada”.

Según la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, en su artículo quinto, define a la violencia contra las mujeres como cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como público.

En base a datos del Inegi, en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, durante el primer trimestre del año 2019, aproximadamente 23 mil 542 personas abandonaron su lugar de trabajo debido a situación de acoso, siendo en promedio 43.5 personas por cada 100 mil ocupadas.

Hay mucho por decir y hacer en este tema, el principal es concientizarnos todas las mujeres sobre ello, para mostrar empatía, apoyo, incluso ayudar a la víctima (este es el más difícil, ya que por temor a perder el empleo y en su caso, a las represalias, ambos géneros se quedan callados ante las injusticias), de igual manera, apoyar al agresor nos hace parte del problema y es importante entender que no estamos exentas a que nos sucedan este tipo de situaciones.

Para poder erradicar el hostigamiento y acoso sexual en los espacios laborales y todo tipo de violencias hacia las mujeres, involucrarnos es la clave, siendo solidarias incluso podemos lograr la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres. Es necesario conocer nuestros derechos y denunciar ante las autoridades competentes.

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