Los agachados

GOURMET VINTAGE

Víctor Vish Fernández

Los memes hoy en día forman parte de la vida cotidiana, con un torrente de ironía, sarcasmo, humor negro y ácido. Los temas son como en tienda de barrio, surtidito. Desde la sátira política, el desamor, la comida… y ayer me llegó un meme que hizo que riera mientras hacía el traslado a la oficina en el Tren Ligero, decía: «tú qué has comido en el mercado tacos de canasta de cinco por 20 pesos y agua gratis ya eres inmune al desamor y cualquier virus». Me hizo recordar mi etapa de estudiante, que iba a comer con los “agachados” al Mercado Corona como canción de Tin Tan, en pleno centro de Guadalajara y a dos cuadras de la Catedral.

Los “agachados” en el transporte público, eran los lectores del libro Vaquero
Foto: Archivo

Los de chicharrón eran los de mayor demanda. El agua gratis era de «Kool Aid», por cierto sabía cómo fonéticamente se escucha la marca del saborizante. El lugar era visitado por personas de todos los extractos sociales de la perla tapatía. Haciendo una metáfora, era como una red social, todos tenían una opinión, una solución y eran expertos en temas de futbol, lo cual lo hacía un termómetro de la sociedad de esos años.

Otro de los lugares concurrido eran los tacos dorados de papa y frijol que estaban en calle Pedro Moreno, a espaldas de la Plaza Tapatía, locales de dos por tres metros aproximadamente, en una zona que se caracteriza por ser donde se concentran tiendas de vestidos para novias; te despachaban tu pedido en una bolsa de plástico, a un peso cada dorado, iba acompañado de un puño de col (repollo), y salsa de jitomate bastante rala, pero de gran sabor y lo más importante cuando era estudiante: llenaban.

Pero no eran los únicos “agachados”, también estaban los que en el transporte público de sus mochilas de trabajo sacaban el libro vaquero, y como chamaco con celular o tablet, se enjorobaban para ser parte de la literatura de bolsillo y de ahí nace la expresión «se echó una de vaqueros» cuando una persona cuenta una historia o anécdota con hechos extremos e inimaginables. Y los románticos eran los lectores de Jazmín, Lágrimas y risas, y los dramas se podían leer en el libro semanal. Otros osados preferían la revista de «alarma», por cierto era fan de las notas de archivo de esta revista, ahí me enteré de la historia de las poquianchis por ejemplo.

Diría Joaquín Pardavé: ¡A qué tiempos señor don Simón!

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