Paz interior

Por: José Ruiz Mercado
¿Quién recuerda aquel verso donde comenta la paz interna? Ese diálogo con
el Yo interior. Así, sin más. Y no tenerle miedo a la soledad. Al contrario. La
serenidad consecuente.
¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido! Dice más o
menos así, ese verso leído en la adolescencia. Entonces me iba como
personaje cinematográfico entre la espesura de los campos de flores amarillas.
Infancia de cine. Infancia visual. Sin tener una favorita. Consumidor tipológico
de gustos ajenos. Western, novo cinema, neo realismo italiano, surrealismo,
con mi padre los lunes, los miércoles. Pedro Infante, Luis de Anda, Tin Tan,
Viruta y Capulina, con mis primos.
Con el cine aprendí varias cosas. Por supuesto una educación visual, pero lo
más importante, a callar mientras no me preguntaran y a aislarme cuando no
me gustaba lo visto.

Con el tiempo me enteré de mi gusto por el cine italiano, de mi interés por imaginarme situaciones, objetos. La leyenda del Café de Nadie, ese mito también construido de los estridentistas me llamó la atención.
Una noche lluviosa caminando por la calle Jalisco (hoy Álvaro Obregón) en la Colonia Roma; la imagen se detiene, como de cine, luego continúa la experiencia.
Todo un recuento. La entrada a un espacio vacío. Las mesas con sus sillas
(¿y el color?) Eso parece no importar. Debe de existir un por qué. Caminar de
un cuarto a otro. La acción es más importante. La noche, la lluvia afuera
¿Toma en blanco y negro?
La leyenda continúa con la presencia (¿ausencia?) de quienes deberían estar
en el sitio. La cafetera en uno de los cuartos, las tazas dispuestas, el café
aromático, servirse y beber sólo, pagarle a nadie con propina incluida. La
leyenda del Café de Nadie: El espacio de los estridentistas.
El espacio de los Estridentistas. El espacio donde se gestó uno de los
movimientos de la vanguardia mexicana. Manuel Maples Arce, Fermín
Revueltas, los autores del movimiento de los años veinte, la escalera a todas y
ninguna parte.
Los años veinte, el periodo de las definiciones, de la lucha por el petróleo.
Después vendrían los autores reivindicadores, pero por el momento, los
estridentistas dejaban de ser los consentidos del Gobierno Veracruzano. Así,
de la capital de la República al puerto de Veracruz.
México con su conflictiva cotidiana. México, país de contrastes. De
confinamientos, de paz para unos y lucha para otros. De analfabetas con todas
sus variables junto a grandes pensadores universales. La escalera a ninguna
parte.
Fray Luis de León, el autor del poema con el cual inicio, nos permite
reflexionar con la paz interior, con la conflictiva de quien huye por esa escalera
al infinito, por ese pasillo de nadie en estos tiempos de quedarse en casa.
Uno el Siglo de Oro Español con el Siglo XX mexicano porque tienen una
semejanza perversa. Tiempos de misticismo, de reencuentro, de creencias en
el espacio donde debería haber ciencia. Herencia para este Siglo XXI,
posibilidad de crecimiento, o de estancamiento espiritual.

Los datos ahí están para cuando la historia nos alcance y ya no sepamos que
hacer con ella sin haber pasado por el Café de Nadie. Ese mito estridentista de
La Urbe según Maples Arce.

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