Consumo responsable

SOCIEDAD Y OTROS DEMONIOS

Susana Aceves Ascencio

La situación actual a nivel global desde hace semanas, nos ha llevado a hacer un alto parcial o total a nuestra vida diaria. Cambiando para muchos, radicalmente el estilo de vida que llevábamos hasta el momento. Se ha detenido el tiempo, las prisas, la vida social como la conocemos, el consumismo y para muchos el estrés de la movilidad en la ciudad, entre muchas otras cosas más.

Para algunos es un sacrificio el confinamiento, que prefieren todo lo anterior por estar en su oficina o negocio. En otros, ha sido un cambio positivo porque se han adquirido nuevos hábitos, junto con el uso eficiente de la tecnología. A otro sector de la población, les ha valido un soberano cacahuate, apelando a su suerte para seguir haciendo su vida normal. Un gran número de personas siguen trabajando para cuidar nuestra salud y ofrecernos los servicios indispensables para vivir.

El Fondo Monetario Internacional, en su informe “Perspectivas de la Economía Mundial”, edición del mes de abril, proyecta que debido a la pandemia de Covid-19, habrá un decremento del crecimiento económico mundial a menos tres por ciento durante este año. El panorama es desalentador y de mucha incertidumbre, pronostican que es la peor recesión desde la Gran Depresión, hay quiebras de empresas, cuantiosas pérdidas de empleos y tensiones financieras sistémicas. El pronóstico para México es muy desalentador, la proyección es una contracción económica de (-6.6%) para este año.

Ante este panorama, ¿Qué podemos hacer como ciudadanos para aminorar los estragos de la crisis a la economía familiar? Lo primero es tomar conciencia y responsabilidad sobre nuestras decisiones de consumo. Es momento de reflexionar, concientizarnos y cuestionarnos sobre nuestros hábitos de compra: ¿somos consumistas o hacemos un consumo responsable?

En el artículo pasado les mencionaba que el consumismo nos está llevando a que el planeta esté en peligro de extinción; la oferta y la demanda de miles de productos innecesarios en nuestra vida, siendo incluso peligrosos y nocivos al medio ambiente, todo ello, nos están llevando al suicidio colectivo.

El mundo de la moda, es un ejemplo sobre nuestras prácticas consumistas y somos sin darnos cuenta, corresponsables del deterioro del medio ambiente. ¿Cuántos de nosotros hemos revisado nuestros armarios durante el confinamiento para deshacernos de lo que ya no utilizamos?

Sin temor a equivocarme, todos sacamos prendas que ya no utilizamos, incluso entre ellas alguna nueva o que solo usamos un par de veces. A su vez, nos dimos cuenta que tenemos dos o tres pantalones negros, vestidos que ya no nos acordábamos que teníamos, zapatos olvidados en una esquina del closet, la chamarra favorita colgada entre abrigos que al momento de tomarla entre las manos entramos en la nostalgia de aquellos buenos tiempos. Y así, desechando, nos pasa desapercibido la inversión que hicimos en la compra de la ropa que no usamos.

Elaborar un pantalón de mezclilla, en base a estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, requiere siete mil quinientos litros de agua, lo que saciaría la sed a una persona durante siete años. Asimismo, son teñidos con químicos tóxicos o perjudiciales a la naturaleza. En su proceso de producción se emiten 33.4 kilogramos de carbono.

El consumo responsable es directamente proporcional al cuidado del medio ambiente, a la ética, fomenta el desarrollo local, la defensa de los derechos humanos a un empleo digno y da como resultado ahorros significativos en nuestros bolsillos y estaríamos fomentando la economía circular.

Si cambiamos nuestros hábitos de compra a un consumo responsable, seremos personas informadas y actuaríamos en conciencia. Con ello, estaremos cuidando la economía familiar y nuestros gastos bajarían significativamente.

En estos tiempos de cambios, hay que apostar por un consumo responsable y dejar de tirar nuestro dinero a la basura.

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