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Los delincuentes privilegiados
Dice la vox populi que, en todo hay clases y desde siempre, hemos visto que es muy acertada esa frase relacionándola con la delincuencia organizada o desorganizada.
Quienes conocen la historia del inicio del narcotráfico en México, saben que fueron agricultores de, Sinaloa, Durango y Chihuahua donde diera inicio las cosechas de la cannabis y amapola, dejando de lado los agricultores de varios poblados, las siembras que de siempre habían venido cultivando por generaciones: maíz, frijol, alfalfa, trigo, ajonjolí, entre otras muchas semillas.
Las narraciones de personas que participaron en esos cambios de cosechas serían los iniciadores de los que ahora se les nombra: narcotraficantes y afirmaban que, serían “tratos” entre gobiernos de México y de los Estados Unidos del Norte de América (E.U.); cuando ya E.U. no requirió ni de la marihuana ni de la amapola, rompió ese “trato” y esas siembras se declararon prohibidas, así como su introducción al país vecino.
Pero crearon a dos monstruo, el primero en México, pues los precios por toneladas de esos dos productos eran mucho mayor que el de las semillas que se sembraban, nada comparados el precio de una tonelada de maíz al de una tonelada de amapola, y así surgieron nuevos ricos y muy ricos, adjuntado a esta riqueza las relaciones con miembros de nuestro glorioso Ejército Nacional, pues eran ellos los que escoltaban los carros cargados con esos estupefacientes en su traslado vía terrestre o marítima hasta E.U., este monstruo es lo que nos toca vivir y padecer hasta nuestros días, aumentado y transformado y muy violento.
El segundo monstruo lo padecen ahí en su país, pues los soldados que regresaban de sus guerras venían con grandes adicciones que, para satisfacerla ya no les importaba si esas drogas eran legales e ilegales para satisfacer la adicción que les crearon sus propios gobiernos; es lamentable ver a miles de jóvenes que mueren por intoxicación hasta con nuevas drogas que ellos mismos elaboran; en tanto, aquí en México como en E.U. los gobiernos no ven como un verdadero problema de salud a esos adictos a la multiplicidad de drogas que hoy existen, pues no vemos hospitales, clínicas o centros de rehabilitación de gobierno exclusivos para atender a estas personas, que se convierten en verdaderos peligros para la sociedad y hasta para su familia.
Se persigue a los delincuentes dedicados al narcotráfico -cuando no hay tratos de por medio con las autoridades en turno- se les encarcela, en Centro de Readaptación Social, que han venido siendo señalados como las universidades de la delincuencia, porque ahí lo que impera es la corrupción o, se les extradita a E.U. para que allá, los expriman con información al darles la categoría de “testigos protegidos” y de las fortunas que han acumulado con ese negocio para luego, con nueva identidad dejarlos en libertad, a vivir no sabemos dónde y no sabemos a qué.
Los otros delincuentes son los funcionarios de gobierno, que en todos ha habido, hasta en este nuevo de la 4ta Transformación en la que se sigue cometiendo fraudes de miles de millones de pesos y no pasa nada, o solo detenciones de poco tiempo para salir en libertad a disfrutar de lo robado; a estos se les ha llamado “delincuentes de cuello blanco”.
Los rectores de las Universidades Públicas, pertenecen a este grupo son una especie de delincuentes muy respetados, porque dirigen una institución educativa de enseñanza media y superior, ahí dónde se forma a los profesionistas de diversas áreas que dirigirán en un futuro los destinos de nuestro país; estos rectores reciben anualmente miles de millones de pesos que manejan a su arbitrio y beneficio; no permiten auditorias, aun cuando es dinero del erario público, esto es de los impuestos de los ciudadanos, amparándose en la “AUTONOMÍA UNIVERSITARIA”, pretendiendo ignorar que la autonomía se circunscribe a la libertad de cátedra, y no al indebido manejo que hacen del llamado subsidio.
Poco o nada se menciona a estos delincuentes “académicos”, ni por autoridades, ni periodistas, ni en las conferencias mañaneras de la Presidente, se habla solo de cárteles, lideres del narcotráfico, a todos se les conoce, pero no así a los rectores, entre los que destaca el rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Jesús Madueña y sus próximos pasados homólogos, que han desbarrancado financieramente hablando, a la UAS.
Ante un millonario “desvío” de aproximadamente $700 millones, recurrió Madueña a descontar del salario de trabajadores en activo y jubilados de un 20 % de su salario, así como una multiplicidad de pagos desproporcionados, aplicados a estudiantes y egresados por cualquier trámite a realizar, hasta en el mismo Jardín de Niños de la UAS, en el que, por sus cobros han convertido en una institución educativa particular, siendo esta una prestación de los trabajadores de la UAS.
No ha habido autoridad ni federal ni estatal, que detenga semejantes abusos sostenidos por décadas en la corrupción que ahí han institucionalizados y que es tan grave o más, que el mismo narcotráfico.
Saludos conciudadanos.
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