Todo lo que necesitas es amor

GOURMET VINTAGE

Víctor Vish Fernández

Mi abuelo para ir a ver a su novia, que tiempo después fue mi abuelita, tenía que despertar y salir de su casa como a las tres de la madrugada, caminar un llano y cruzar un cerro; llegaba poco antes de clarear a la ranchería donde vivía la amada y si ese día ella no iba al molino, el regreso a casa sería con pasos desmotivados. Todos en la casa sabían que ese día no había tenido suerte, porque al llegar se recostaba y tomaba su guitarra para entonar las composiciones de Agustín Lara “El Flaco de Oro”: «En la eterna noche, de mi desconsuelo, tú has sido la estrella, que alumbró mi cielo».

Se cumplieron 50 años de la muerte de Agustín Lara y sus canciones siguen interpretándose.

Mi padre para conquistar a mi mamá, fue de llevarle flores, comprarle discos de acetato de José Alfredo Jiménez, Javier Solis, Roberto Jordan, así se había ganado una cita para ir a las nieves del Parque Morelos, tuvo que haber hecho más mi papá, pero siempre fue de pocas palabras para expresar un sentimiento, aunque para narrar sus aventuras de vida fue una tarabilla. Después de varias citas a cafeterías, llegó la más esperada; ese fin de semana irían al cine, que en esa época era un logro. Meses después llegó la propuesta de matrimonio.

Cuando a mi papá le preguntaban cómo había conocido a mi mamá, siempre narraba una historia digna de película de Pedro Armendáriz, e incluso llegó a contar que se la había robado a caballo. Esa fantasía de la realidad formó una relación de más 50 años de unión. Don Nacho (mi papá) decía que las redes sociales solo hacían hombres light, que un desamor se cura con tequila, escuchando los consejos del cantinero y con un mariachi, no publicando en eso del «interne (sic)”, menos hablando mal de una mujer.

Los Beatles nos decían que todo lo que necesitamos es amor, Julio Cortázar nos recuerda que «todo hay que volver a inventarlo, el amor no tiene que ser una excepción”. Agustín Lara describe a la perfección estar enamorado: «y cuando ese milagro realiza, el prodigio de amarse; hay campanas de fiesta que cantan en el corazon»; pero para mí padre estar enamorado era la justificación de la pendejez.

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