De redes y otros ciber espacios

¿Y quién es Usted?
Por: José Ruíz Mercado
Las redes sociales nos han llevado a revisar los lenguajes. Irónico. La búsqueda del hacer por encima, como necesidad primordial. Lo inmediato. Así reaccionamos. Somos la generación presentista.
Podemos afirmar el presentismo. Acorde a una corriente del pensamiento decir solemnemente el cómo nos relacionamos con un flujo de información capaz de desviar nuestra atención en lo primario.
Estos días de confinamiento la supervivencia le ha ganado a la reflexión, a la búsqueda
de empleo antes que al encuentro con nuevos lenguajes. Digo esto con toda la intención de equivocarme.
Las redes sociales, benditas redes sociales, nos permiten, como en un ejercicio de saneamiento, a tomarle la temperatura a la sociedad en su conjunto. La superficialidad ha disminuido para dar paso a la religiosidad, al descontento social, a la entrada a la esfera política. Ya vendrán los hoy comí, hoy vestí, o los cumpleaños de los niños vestidos de adulto. Disminuido, no erradicado. Lo cursi no quita lo viral.
Entre la estética lounge y el ejercicio de la denuncia, hasta la fecha, los usuarios de las redes no han ofrecido una alternativa de lenguaje (o por lo menos ha pasado desapercibido) Desde la polaroid hasta la fotografía por celular, sólo el facilismo de la herramienta ha cambiado. Lo digo con toda la intención de equivocarme.
Estamos pasando por momentos dignos de ser estudiados. Vivimos en los años claves del cambio. Me explico. La historia es un ciclo. Pareciera repetirse, por lo menos en la superficie. Son treinta años cada siglo. Los últimos diez y los primeros veinte. Es decir, noventa/ veinte.
El ciclo: Iniciemos en el XVIII para no alejarnos tanto. De 1790 a 1820, luego 1890 a 1920, continuamos de 1990 a 2020. Son los periodos críticos, se dan cambios en lo económico, político, y por lo mismo, en lo estético. Nos corresponde revisar la historia, revisar la estética. En 1991 Douglas Coupland publica una novela del desencanto, la gran novela, la cual, le da nombre a una época: Generación X. Luego, en el 2004, September 10. Luego, en el 2006, Everything’s Gone Green.
De su teatro desconozco si está traducido al español. Pero su novela sí, marca toda una ironía. Un desencanto, un retrato hablado certero del mundo actual.
Entre su multiplicidad de frases, tiene una en especial, el retrato de la homogeneidad: “Todo el mundo tiene básicamente la misma familia, sólo está reconfigurada de manera ligeramente diferente una de otra” Douglas Coupland es uno de esos autores cuya obra provoca polémica. Cuya obra está en boca de todos, pero, como buenos ciber nautas, con ese presentismo egocéntrico, jamás se ha creado.
Ésta es una característica actual. El retrato de familia perfecta. La revisión cuadrada, ahistórica. Cómo si nada se hubiera gestado antes. Cómo si lo anterior fuera producto de una falla, un hueco.
La sociedad del consumo. La sociedad con sus santorales cotidianos. Ni siquiera es la familia burrón de otros momentos. Es la familia desamparada ante la tarjeta de crédito y la vergüenza de no consumir. Es, la sufridora ante las redes sociales. Si no consumo no existo. Y así, vamos caminando en la densidad de la bruma.
En la bruma nos topamos con la necesidad de ver más allá. La búsqueda de un faro en el camino. Uno se pregunta ¿De dónde esto de ir más allá de lo cotidiano?
En el 2010 se publica en Málaga una antología poética a cargo de Dante Medina, Francisco Peralto y José Brú: Ojos que si Ven. En el 2007, Augusto Metztli tuvo una exposición
en Caf-Eco: Todo lo Demás que no Ves.
“…lo oculto que encierra cualquier cosa en el universo, de cómo viendo con atención algo puede encontrar la esencia de la vida” leíamos en la invitación.
Metztli hoy día radica en un lugar de Galicia. Tiene a su cargo dos proyectos: La Candelaria y Luna Books.
Estamos pasando por momentos dignos de ser estudiados. Vivimos en los años claves del cambio. Ni duda cabe. Tenemos, requerimos, nos urge la necesidad de ver.

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