¿Por qué pensamos lo pensado?

¿Y quién es usted?
Por: José Ruíz Mercado
Ahora sí. Un buen café nos permitirá ir al fondo de esta charla. El café, el
buen café se toma sin azúcar, nos permite disfrutar el tipo de tostado, su
acidez, su valor por sí mismo.
La historia de la cultura mexicana está inmersa en un mar de reflexiones. Vea
usted, reflexionemos un poco. Tenemos miedo de pensar. Así nos han
enseñado, jamás lo hemos cuestionado.
El cuestionamiento se desliga del centro. Nos da miedo pensar. Por eso
buscamos quien nos resuelva el problema. Mejor ni decir cuando ese, quien se
dijo el resolvedor, se aleja de lo por nosotros creído.
El universo del discurso. Preferimos lo dulce a la acidez. Por eso le echamos
azúcar. Entre otras. En el fondo tenemos miedo pensar porque nos podemos
enfrentar a resolver nuestro conflicto interno.
Los grandes mitos sociales han enriquecido el mundo del teatro. Edipo, por
ejemplo, es el gran mito de las redes sociales. Se requiere de alguien, con
cierta influencia, para afirmar una verdad.
Tendremos entonces que entender esta relación. Un rey busca quién le
resuelva el enigma. Entonces todos requerimos de todos (la sociedad del
conocimiento).
El conocimiento conlleva a una verdad. La predestinación, la lectura de lo
circunstancial. Somos producto de una época, dependerá entonces de cómo
hagamos la lectura.
Estamos pasando por una etapa jamás imaginada. Hace un siglo se vivió una
pandemia similar a la actual: La gripe española. Duró dos años. Aún así, los
tiempos cambian.
Similares, más no iguales. La sociedad es otra y sus circunstancias también.
La lectura antropológica es otra. El proceso tecnológico también. Las redes
sociales entran en el juego.
¿Cómo enfrentarnos a este universo? Tenemos miedo al pensamiento por
eso buscamos quién nos diga la solución. Buscamos al lector del oráculo para
la salvación propia y lo culpamos por no resolverla.
Revisemos la metáfora de la otra gran verdad. Escribir, por ejemplo, es una
lectura de la circunstancia. De esa lectura sacamos el acto fantástico de lo
indescriptible o de cómo hacer nuestra la otra verdad, la de los múltiples
significados.
Hace unos años una obra fue puesta en escena, publicada (agosto de 2014)
en un tomo antológico por la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco cuyo
título es PARA JUGARSE LA VIDA. Así, sin pasar por los senderos de los
dioses mediáticos de la escena local, la obra está.

El personaje se pregunta, se cuestiona por su cultura, su historia, sus
orígenes. Edipo en sus adentros vive en el desconocimiento de quién es con la
carga de toda una historia, la propia. Ese Edipo moderno se llama Intaglio.
Intaglio, el oficiante, el bebedor de pulque, el bebedor de su cultura. Quien no
atina a reconocerse en su espacio cotidiano. Producto de su época desconoce quién, a dónde y por qué está ahí.


El autor de esta obra, la cual viene por la razón, el motivo, de la pregunta
explícita de si este momento nos llevará a resolver nuestras dudas, o de lo
contrario continuar en la búsqueda del salvador.

El autor, quien nos lleva a preguntarnos sin encontrar respuesta, porque la
responsabilidad es nuestra, porque es una respuesta de lo individual, o sencilla
y llanamente, a la manera de Intaglio, tenemos que despertar de la cruda
pulquera.
Bebamos entonces el aroma de este café directo y sin azúcar.
Ah, decíamos del autor, quién por cierto, escribió el prólogo del libro ya
citado, con obra de Carlos Araque Osorio, Efraín Franco, el autor, Alejandro
Ostoa, a quién además debemos el título. Como él dijo: En homenaje a Enrique
Ballesté.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *