Cultura de Paz | Terrorismo social en Jalisco

Compartir en:

Observando

Patricia Alvarado Defensora de Derechos Humanos
Cultura de Paz | Terrorismo social en Jalisco

Guadalajara, Jalisco. En Jalisco no solo se incendian vehículos; se incendia la confianza pública. Los narcobloqueos del domingo 22 de febrero del año en curso no son hechos aislados ni simples reacciones coyunturales del crimen organizado. Son actos estratégicos que buscan algo más profundo que el control territorial: buscan el control emocional de la sociedad.

Eso tiene un nombre: terrorismo social.

No se trata de una figura jurídica, sino de una categoría política y social que describe el uso sistemático del miedo como herramienta de dominio colectivo. Cuando una organización criminal paraliza vialidades, interrumpe actividades escolares y laborales, y obliga a miles de personas a resguardarse en sus casas, el mensaje es claro: “podemos alterar tu vida cuando queramos”.

El impacto no termina cuando se apagan las llamas. Permanece en la conversación familiar, en el comercio que decide cerrar antes de tiempo, en la madre que duda si enviar a su hija a la escuela al día siguiente.

Permanece en la normalización.

Y allí radica el mayor riesgo: acostumbrarnos.

La inseguridad pública no puede reducirse a un enfrentamiento entre policías y criminales. Es también consecuencia de políticas de seguridad insuficientes, de estrategias reactivas y de la falta de una visión integral que atienda las causas estructurales de la violencia. Cuando el Estado no logra garantizar condiciones mínimas de certeza, se abre espacio para que el miedo ocupe ese vacío.

El terrorismo social funciona porque fragmenta. Divide a la comunidad, aísla a las personas, rompe la confianza entre vecinos. La incertidumbre constante erosiona el tejido social y debilita la participación ciudadana.

Desde la Cultura de Paz, el enfoque no es ingenuo ni romántico. La paz no es silencio ni resignación; es acción consciente y organizada. Implica no normalizar la violencia, exigir rendición de cuentas, fortalecer redes comunitarias y apostar por la prevención social del delito como política pública prioritaria.

Nombrar lo que ocurre es el primer acto de resistencia cívica.

En Jalisco no podemos permitir que el miedo se convierta en una forma paralela de gobierno. La violencia busca disciplinar conductas a través del terror. La Cultura de Paz propone lo contrario: construir seguridad desde la justicia, la participación y la corresponsabilidad.

Porque cuando el miedo gobierna, la democracia se debilita.

Y cuando la ciudadanía se organiza, la paz deja de ser discurso y se convierte en camino.

Tal vez te puede interesar Reinserción social. De lo que no se habla. “Caso diputado local Leonardo lmaguer”

Boletin Informativo

Noticias relevantes en el Estado de Jalisco y más!

Please wait...

Gracias por suscribirte a nuestro boletín!

Deja un comentario