Observando

La Cultura de Paz no se decreta: se reconcilia, restaura y reconstruye.
En tiempos de violencia normalizada, la Cultura de Paz suele reducirse a discurso institucional y buenas intenciones. Sin embargo, la paz no es una consigna ni una campaña: es una decisión estructural que implica transformar las causas del conflicto, no solo administrar sus consecuencias.
La reconciliación no puede imponerse sin verdad ni justicia. Llamar a la unidad mientras se ignora a las víctimas convierte la paz en silencio forzado. Del mismo modo, castigar sin reparar perpetúa el daño. La justicia restaurativa propone un enfoque distinto: asumir responsabilidades, reparar el tejido social y evitar la repetición de la violencia.
La reconstrucción tampoco se mide en obras o estadísticas. Sin participación ciudadana, sin equidad y sin confianza, cualquier intento de reconstrucción es superficial. Persiste entonces una paz vacía, útil al discurso, pero incapaz de transformar la realidad.
Reconciliar, restaurar y reconstruir no son eslóganes. Son obligaciones éticas. La paz no se decreta ni se administra: se construye con verdad, justicia y participación social, o no existe.
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